Decir que lo presentía sería mentir. Todo estaba en perfecto orden, nada fuera de lugar. Ese miércoles sólo decidí hacer un alto a las diligencias para almorzar en casa, en tu compañía. No sé de donde me surgió esa comida sorpresa, es sólo que el ánimo me embargó el espíritu y me atreví.

Fue extraño encontrar un auto en mi parqueo, pero no le dí la menor importancia, nunca estoy en casa a esas horas. “El vecino tiene visitas”, pensé, mientras subía las escaleras hacia el tercer piso.

La televisión se escuchaba en todo el corredor, el ruido era tan ensordecedor que no se percataba el sonido de mis llaves al abrir las puertas. Fue esa cartera de mujer la que me sobresaltó. Instintivamente fuí a nuestra habitación.

La puerta estaba semi abierta, la claridad del medio día no me ocultó lo que pasaba en nuestra cama matrimonial. 

continuará…
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