Por olvidar

imglykit-exportSe me olvido que te había olvidado… Simplemente lo borré de mi memoria, por eso cuando regresaste fue tan fácil para ti envolverme nuevamente en tus redes…

Por olvidar que te había olvidado volví a creer en cada una de tus caricias… Volví  a desear tus besos…

Que contradicción. Me acordé de todo cuando te vi… todo volvió a mi… recordé las sensaciones que provocaron tus manos en mi piel… mis labios anhelaron nuevamente los tuyos… de mi boca un suspiro involuntario te hizo saber la falta que me hacías… mis ojos no lograron mantener como antes tu mirada… y hasta el rubor de mis mejillas se hizo presente… tal vez solo para darte la bienvenida.

Se me olvido que te había olvidado… y un vórtice de intensos recuerdos invadieron mi mente… Ella fue la culpable… Nunca dejo de estar en cada uno de nuestros encuentros. Esta vez no fue la excepción, el sentirla sobre mi fue posiblemente lo que reactivó esa parte de mi cerebro que estaba dormida.

Olvidé los resentimientos que tenía guardados, las rabias acumuladas y la dolorosa decepción que dejaste al marcharte. Olvidé que debía odiarte por tus mentiras y falsedades. Olvidé las noches de penas que me provocaste así como las lágrimas que por ti derramé. Olvidé los sueños destrozados y los planes tronchados que dejaste en mi camino.

Olvidé que te había olvidado y lograste tirar al suelo mis defensas. Olvidé que te había olvidado… y tal vez por eso tu recuerdo ahora es más reciente.

¿Será demasiada importancia?

Los seres humanos pasamos mucho, realmente demasiado tiempo, esperando que los demás actúen acorde de nuestras expectativas… talvez no de nuestras expectativas, pero si en respuesta de nuestro comportamiento con ellos. Y esto no es más que una prueba perceptible pero pocas veces aceptadas de nuestra dependencia social de otros.

Todos dependemos. Queramos admitirlo o no. Esperamos que el vecino nos responda los buenos días; que el niño que encontramos en el bus, nos devuelva la sonrisa; que nuestro superior laboral nos felicite por el empeño que mostramos en cumplir con nuestras obligaciones; que nuestra pareja admita lo bien que nos viene el cambio de color o el corte en el pelo; que nuestras amigas, esas que se mostraron reacias a nuestra relación, se declaren en derrota ante lo divino que terminó siendo el espécimen.

Cuando no recibimos lo que creemos justo, lo que consideramos que nos hemos ganado, entonces nos duele. Y nos duele al punto de considerarnos traicionados… vilmente engañados. Es entonces donde nos vamos llenando de resentimientos, sinsabores, ira, decepción.

Es entonces cuando nos detenemos un segundo y nos llenamos de preguntas. Preguntas cuyas respuestas tienen a destruirnos aún más el ánimo.

¿Quién me dijo a mi, que esa “X” persona debía sentir por mi el mismo respeto que sentía yo?

 

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Pero siendo realistas ¿quién me mandó a mi a esperar algo de ellos? Cada quien tiene el derecho de sentir y actuar como mejor le parezca. Todos tenemos el mismo derecho.

Debemos aceptarlo y seguir nuestro andar, dando amor sin esperar a cambio. Así no nos decepcionaremos y lo que encontremos será sencillamente ganancia.

Posdata: Al releer este último párrafo, me pareció conocido, si acaso repito esta historia en algún post predecesor, favor disculparme. Al parecer hay heridas que no se sanan con un solo post.