Con dedicatoria

2 de junio

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De mi vivir

De imprevisto (III)

Sin darme cuenta, de mis manos se resbaló la comida que había comprado para ti. El ruido que provocó al caer, hizo que se dieran cuenta de que estaba ahí. Intentaron cubrirse, realmente no entiendo para qué.

Tus gritos al llamarme no me detuvieron, baje rápidamente las escaleras y encendí el auto sin mirar atrás.

He conducido sin norte desde hace unas tres horas. Apenas acabo de detener el motor y mirando el mar saque mi libreta para escribir.

En mi móvil hay varias docenas de llamadas tuyas, no me interesa contestarlas… ¿Qué podrías decirme?

Cae la noche, sigo con la mirada perdida en el mar, en las olas que vienen y van. Mientras mi mente divaga sin saber que hacer de aquí en adelante.

De mi vivir

De imprevisto (II)

Lo vi… vi la lucha encarnizada de dos cuerpos desnudos. Vi la pasión con la que buscabas su boca al besarla. Vi con  la fuerza con la que ella te tomaba del pelo. Te vi hacerle los mismos trucos amatorios que la noche anterior practicabas conmigo. Vi en tu espalda, las marcas de sus uñas. Vi como con tu lengua delineabas el contorno de sus pechos, mientras la piel de ella se erizaba.

Era tal el desenfreno que ambos exhibían, ninguno sintió mi presencia. Fui testigo de cómo gemías placenteramente  mientras te practicaba  una felación. Tus técnicas no fallaron lograste enloquecerla cuando le hacías sexo oral.

Mis labios no se abrieron, ni una sola expresión de asombro, ni una lágrima cruzó mi rostro, tampoco me entristecí. Me quedé observando como el sudor de sus cuerpos se impregnaba en mis sabanas de seda.

continuará…
De mi vivir

De imprevisto (I)

Decir que lo presentía sería mentir. Todo estaba en perfecto orden, nada fuera de lugar. Ese miércoles sólo decidí hacer un alto a las diligencias para almorzar en casa, en tu compañía. No sé de donde me surgió esa comida sorpresa, es sólo que el ánimo me embargó el espíritu y me atreví.

Fue extraño encontrar un auto en mi parqueo, pero no le dí la menor importancia, nunca estoy en casa a esas horas. “El vecino tiene visitas”, pensé, mientras subía las escaleras hacia el tercer piso.

La televisión se escuchaba en todo el corredor, el ruido era tan ensordecedor que no se percataba el sonido de mis llaves al abrir las puertas. Fue esa cartera de mujer la que me sobresaltó. Instintivamente fuí a nuestra habitación.

La puerta estaba semi abierta, la claridad del medio día no me ocultó lo que pasaba en nuestra cama matrimonial. 

continuará…
Con dedicatoria

Quiero sexo

Exactamente como se lee… sin pudor, ni vergüenza alguna: Quiero Sexo. No me preguntes que lo inspira o porque se da esta condición. Quiero Sexo.

Que me disculpen las mujeres castas que leen este blog (que creo que son muy pocas), ya sean recatadas y tímidas. No sé que me lo provoca. A lo mejor es la distancia que me separa de él, o la ausencia de la candidez de su cuerpo cerca del mio. Quiero Sexo.

Al parecer mis hormonas se activan ante su ausencia. No creo necesario detallar más la situación. Es una necesidad básica, primordial y sencilla: Quiero Sexo.

De mi vivir

Lo que siento

 

En ese momento privado e intimo donde pocas veces se saca tiempo para hablar él se atrevió a preguntar. Estaba en verdad fascinado con el ritual que siempre ella ejecutaba.

Mucha acción durante pero en los momentos en que él llegaba a la meta bajo grandes dosis de euforia, ella permanecia inmovil y en silencio. Le acariciaba el pelo buscando a ella alguna reacción y nada. Seguia con los ojos cerrados y sin expresión alguna que se dibujara en su rostro.

Un día no aguantó más y preguntó. Recibió de ella la respuesta más inesperada recibida alguna vez. “Solo disfruto”

Desde entonces no pregunta. Suele ahora permanecer a su lado acompañandola, a pesar de no lograr entender lo que pasa por la mente y el cuerpo de su mujer cuando el orgasmo se presenta.


De mi vivir

La historia de mi adiccion (2)

Salí a la sala mientras arreglaba mis ropajes, pero la sangre no fluía eficazmente a su cerebro. Me aprisionó contra una pared y continuo llenándome de besos mientras intentaba quitar el botón de mis pantalones. Con resistencia retrasé su avance. En el forcejeo terminamos en el suelo, revolcándonos. El en pos de desnudarme, yo tratando de evitarlo.

Una llamada lo desconectó de sus intenciones, dándome el tiempo necesario para poner cada botón en su lugar. Solo esos segundos fueron suficientes.

Al volver había regresado la calma e imitándome pasó al baño a refrescarse un poco. Para luego acompañarme en mi partida.

Nunca me había atrevido a referirme a lo que ocurrió esa noche. Posiblemente haya sido miedo a las cosas que descubrí de mi por lo que pasó con él.

Entiendo que ahí inició todo. Creo que ese incidente desencadenó en mí la predilección por ese tipo de encuentros. Desde entonces busco sentirme doblegada y sometida.

Es por ello que a lo mejor por eso siempre regreso. Para que me toque como ese día, que con sus manos inmovilice las mías. Que sus besos dejen rastros de sangre y fuego en mis labios.

El despertó mi adicción, convirtiendo su cuerpo en mi vicio. Me declaro adicta por convicción propia, por el egoísta placer que me embarga sentirlo sobre mí. Lo peor de todo es que ya lo acepto, no me resisto y no me apena confesarlo.

Ya está bueno de escribirles. Con estas líneas me despido. Tengo cita, hace dos meses que no estamos juntos… tiempo suficiente para desatar ese juego que nos place tanto y que mantiene nuestra adicción.