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Quien cree que al iniciar su matrimonio tiene todas las bases cubiertas, que equivocado esta.

Al igual que en otras dispares situaciones los comienzos  no nos presentan ambas caras de la moneda. La novedad hará que todos actuemos de manera mas afable que de costumbre, que seamos más condescendientes con quienes nos rodean.

Pero el tiempo de manera indiferente continuara su ritmo al andar y hará que nos acostumbremos a esa presencia en nuestras vidas, la misma que antes nos inquietaba por ser reciente y que ahora asimilamos como un mueble mas en el hogar. Es entonces cuando volveremos a nuestras rutinas habituales.

No tendremos reparos al enojarnos, sin importarnos quien lo haya hecho. Nos ausentaremos de la presencia de los demás para encerrarnos en nuestras cuevas, olvidándonos de las buenas costumbres y de la cortesía. Así empieza la verdadera convivencia. Y aunque seamos entonces más sinceros y reales, no le hacemos la estancia más fácil a quien nos acompaña.

Ese ser humano se sentirá extraño a nuestro alrededor, teniendo ante si solo dos opciones viables, o se aísla a si mismo buscando en que entretenerse o se ajusta a los cánones que les estamos imponiendo.

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