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Quien cree que al iniciar su matrimonio tiene todas las bases cubiertas, que equivocado esta.

Al igual que en otras dispares situaciones los comienzos  no nos presentan ambas caras de la moneda. La novedad hará que todos actuemos de manera mas afable que de costumbre, que seamos más condescendientes con quienes nos rodean.

Pero el tiempo de manera indiferente continuara su ritmo al andar y hará que nos acostumbremos a esa presencia en nuestras vidas, la misma que antes nos inquietaba por ser reciente y que ahora asimilamos como un mueble mas en el hogar. Es entonces cuando volveremos a nuestras rutinas habituales.

No tendremos reparos al enojarnos, sin importarnos quien lo haya hecho. Nos ausentaremos de la presencia de los demás para encerrarnos en nuestras cuevas, olvidándonos de las buenas costumbres y de la cortesía. Así empieza la verdadera convivencia. Y aunque seamos entonces más sinceros y reales, no le hacemos la estancia más fácil a quien nos acompaña.

Ese ser humano se sentirá extraño a nuestro alrededor, teniendo ante si solo dos opciones viables, o se aísla a si mismo buscando en que entretenerse o se ajusta a los cánones que les estamos imponiendo.

Ocupar el lugar ajeno

He pasado varios días pensando en la facilidad con la que juzgamos a quienes nos rodean… Es tan fácil decir “estuvo mal, debiste de….” pero pocas veces nos mordemos la lengua y pensamos un poco en la razón que llevó a ese alguien a actuar de esa manera.

Decimos sentir empatía y simpatía por quienes nos acompañan, pero realmente pocas veces nos ponemos en su mismo lugar. A lo mejor salió de casa tarde, encontró un neumático vacío, se quedó atascado en el transito, para colmo el superior solicita un informe complicado con urgencia, mientras al PC esta en el taller.

A lo mejor se están acumulando las cuotas del pago de la tarjeta de crédito y aún no se sabe de donde vendrá el dinero para saldarla.

Y donde me desenvuelvo la situación es fácil de encontrar. Madres que juzgan a sus hijas, padres que encasillan a sus hijos, jefes que no entienden, parejas que no escuchan. ¿Qué es lo que pasa?

Por qué resulta tan difícil ponerse en el lugar del otro, en tratar de entender. De donde viene ese afán de que los demás justifiquen su accionar. Sólo nos toca por ocasiones callar. No hablar, si pondremos las palabras en tela de juicio.

Esperar a que baje la marea, dar tiempo a que se diluya la niebla… de hacerlo veremos que en todas las situaciones hay un mar de fondo.