Con dedicatoria

Flores marchitas

Las veo y no las reconozco. No quedan de ellas más que sombras marchitas, copias desgastadas de lo que fueron alguna vez.

¿Dónde quedó la fuerza y el ímpetu que destacaban en sus personalidades? Justamente lo que más admiraba de ellas.

Qué triste me resulta ver que ha desaparecido su esencia, tal como escurre el agua en las manos, como la llama de una vela cuando es apagada.

Anhelo encontrar en sus ojos ese brillo que las hacia especiales, únicas.

Se han dejado envolver en la rutina de los imprevistos desagradables con los que las vida nos tranca el juego. Estan acorraladas y no lo saben.

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Con dedicatoria

Agradable Compañia

Lograr coordinar nuestras agendas fue todo una odisea. Entre sus responsabilidades empresariales y las mías, mis horarios familiares y los de ella no lográbamos congeniar. Hubo que esperar dos semanas para que la cita se hiciera efectiva.

Nunca requerimos una razón específica para vernos. Dos amigas de toda la vida no la necesitaban. Solo era asunto de pasar tiempos juntas.

Iniciamos con un café, continuamos con un almuerzo y pasamos la tarde entre copas de vino artesanal. Lo peor de todo es que los temas nunca terminaron. Siempre hay cosas que debatir. 

Que agradable es poder decir lo que se piensa en total libertad. Poder expresar los sentimientos que se mantienen bien ocultos en los rincones del alma. Saber que las palabras no serán malinterpretadas, que las frases no serán juzgadas, ni las intenciones vistas con matices maquiavélicos. Solo hablar y desahogarse sin temores. Tener la seguridad de que cada palabra será escuchada con atención, con el marcado interés de ayudar a buscar las aristas de las esquinas que aún no se han visto, crear soluciones nuevas, realizar innovaciones al analizar todas las opciones, posibles o imposibles.

Con dedicatoria

Escribe

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¡Escribe! fue la palabra que uso. Pensando en su tono fue más bien una orden: “¡Escribe! ¡Escribe! ¡Escribe! Y no dejes de hacerlo”. No importa que la cama siga desarreglada, ni que los platos sucios sigan en el fregadero. Total como quiera tendrás que hacerlo tú. Y si algo te impide realizar tus labores domesticas, que sea el tiempo que te dedicas a ti.

Nadie recordará lo impecable de la limpieza de tu hogar, ni lo rectas que queden los filos de los pantalones de tus hombres. No recordarán el tiempo récord en que preparas el almuerzo, ni el aroma primaveral que lograste impregnar en la ropa recién lavada. Nadie te hará un monumento por tus destrezas hogareñas. Talvez ni tú misma lo recordarás.

La limpieza de tu hogar se olvidará cuando los amigos lleguen a jugar en el piso. Las arrugas de los pantalones aparecerán nuevamente tan pronto se sienten. El almuerzo será disfrutado tan pronto lo coloques en la mesa. La ropa perderá muy pronto su aroma. Entonces te preguntarás, ¿Ha valido la pena? El tiempo, el amor, los sacrificios realizados, ¿valen de algo?

Es tu responsabilidad y las asumirás con plenitud, pues fue tu elección. Lo que no elegiste fue anularte, fue olvidar lo satisfactorio de tener un espacio para ti. Debes recordar que también para ti hay tiempo. Que solo estando en paz contigo misma puedes brindarle esa paz a los tuyos. ¿Por qué postergarlo?

¿Por qué dejarlo para después? Ahora es el momento. ¡Escribe, escribe, escribe!

 

Dedicado: Dra. Olga
Con dedicatoria

Estoy en paz

Woman admiring sunset from mountain top

Estoy en paz. Tranquila conmigo misma. Plena en mis actuaciones. Satisfecha de mis resultados. Me siento cuidada y protegida. Amparada por su manto protector. Me admito dolida, triste… decepcionada, pero eso no realizará cambio alguno en mis proyectos.

Su altivez le ha servido de collar y el orgullo de vestido. Esas prendas no son de mi gusto. No me entallan al cuerpo.

Me mantengo sobre mis pies, erguida. Como un bambu me doblo, más no me rompo. Y menos ante simples gotas de agua.

Lamento mucho que esto te pueda afectar, pero aún queda mucho de mi para dar.

¡Acéptalo! ¡supéralo! y para que te sea más fácil ¡Coopera!.

Con dedicatoria

Prisión Dual

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Me aferro a su presencia como náufrago a la deriva, pretendiendo así hacer más llevadero mi encierro. Quizás soy egoísta, pues al apoyarme en él, lo hago partícipe de mi prisión. Hoy no aceleraré su llegada, ni precipitaré sus pasos, me quedaré inmutable hasta el momento en que decida regresar. Aún así confieso que escuchar el claxon de su vehículo al aparcarse me dibuja una sonrisa en el rostro y le provoca un brinco a mi corazón.