Pasas mucho tiempo postergando la decisión y la acción, siempre retardando el día de organizar las cosas, que durante más de 90 años la abuela Constanza se encargó de guardar en el ático de la casona familiar.

Así que un sábado, cuando su ausencia ya se ha vuelto costumbre, en ropa de cama y con café en mano, me atrevo a enfrentarme a montones de cajas polvorientas con la historia familiar.

Encontré su colección de bufandas tejidas, antiguas y llenas de detalles. Algunos vestidos que guardó para un momento especial que nunca llegó y debajo de su vestido de novia (no sé como rayos ha logrado mantenerse  a pesar del tiempo) encontré una colección de cartas y un diario. El diario llevaba sus iniciales, mientras que las cartas, poseedoras de una grafía diferente tenían en su esquina superior izquierda otras iniciales: FP.

carta antigua de amor

No tengo complejos de Sherlock Holmes, pero toda la situación me inquietó. Así que me embarque en todo el desarme de esta historia.

Después de pasar toda la tarde y la noche armando el rompecabezas fue que comencé a entender todo. DD eran las iniciales de “Danae Del Valle”, quien terminó siendo la bisa-abuela de mi abuela Constanza, que sería mi “tras-ta-ta-rabuela”. Las misivas de Danae Del Valle son referencias de la historia de amor, que la abuela de esta última le contaba de haber vivido en sus años de mocedad (Creo que basarme en esta historia de amor ancestral para mi primer best-seller no será buena idea, ya tengo cefalea).

Danae Del Valle & Sara Vega Del Rincon

La abuela de la bisabuela de mi abuela, que se llamaba Sara Vega Del Rincón, gustaba del hijo de los vecinos, Francisco Pizarro, cuyo padre era un hombre de poderío militar, mientras que su madre era una fiel devota del Convento de san Francisco el Real (en honor al convento vino el nombre del heredero). Dicen las malas lenguas, que esta disparidad entre los gustos de sus progenitores dejó algunas secuelas de bipolaridad en el jovenzuelo. A los ojos de su madre era la pulcritud hecha humana, en andanzas con su padre, otra era la historia.

Franciso Pizarro

La abuela Sara no gustaba sola, Francisco también gustaba de ella. El romance febril iba bien, hasta que un día Francisco desapareció. Por comentarios, entre las madres se supo que su padre lo había enlistado a una importante campaña de colonización al recién descubierto “Nuevo Mundo”. Las lavanderas, al contrario, dijeron que era solo una tapadera para esconder que el casto jovenzuelo había embarazado a una de las damas de compañía, esas de la vida alegre, que solía visitar con su padre. Y este queriendo evitar el manchado de su nombre prefirió lanzarlo a la conquista de nuevas tierras.

A pesar del paso de los años la abuela Sara nunca perdió contacto con Francisca González y Mateos (madre de su antiguo amor), más que por cortesía, por un interés en mantenerse informada de una que otra actualización. Fue a través de la dama que se enteró de las importantes hazañas realizadas en el nuevo mundo. Aunque gustaba de las historia de la dama, prefería los comentarios impropios de las lavanderas y las sirvientas, ellas si conocían todos los detalles y las verdades que la nobleza tiende a ocultar.

Ojeda y Balboa

Si bien era cierto, que su Francisco había logrado una gran participación en la expedición de Alonso de Ojeda y en la de Vasco Núñez de Balboa, todo cabe señalar que era en busca de puntos débiles donde atacar en pos de alcanzar mayor renombre. En su primera expedición con Ojeda, este resultó ser el único herido por las armas venenosas usadas por los indígenas. Fue precisamente quien mintió sobre Nuñez de Balboa, llegando a arrestarlo por traición a la Corona Española. Ah, eso si es toda una casualidad que después de este incidente el Gobernador de Castilla de Oro, lo nombrara encomendero y alcalde de Panamá.

Al parecer, en su personalidad se destacaron las enseñanzas de su padre. El ansia de poder a cualquier costo, lo llevó a asociarse con Diego de Almagro y Hernando de Luque, para juntos conquistar el imperio inca del Perú. Entre ellos eligieron a 13 hombres de la totalidad de soldados, (menos personas entre quienes repartir el botín).

Su ingreso al Perú fue atroz y destructivo. La ansiedad por la acumulación del oro, lo llevó a actuar sin ningún tipo de reparo. Utilizó su piel blanca, sus barbas, sus brillantes armaduras para hacerles creer que eran deidades del más allá. Fue así como Atahualpa cayó preso ante este conquistador. No valieron los intentos de este rey inca de alcanzar su libertad, le ofreció a su hermana favorita (Quisque Sisa) en matrimonio y le reunió 84 toneladas de oro y 164 de plata. Aún así Atahualpa murió ejecutado por órdenes de Francisco Pizarro.

atahualpa

La leyenda esa que involucra a Atahualpa con el cristianismo, no fue más que una solución ante los reclamos del capellán que los acompañaba. Debían justificar su labor evangelizadora en el nuevo mundo. Atahualpa nunca tiró al suelo la Biblia, no aprendió a leer ni escribir el castellano, tampoco se convirtió a esa nueva religión para evitar una muerte peor. El rey inca murió sin entender a cabalidad lo que ocurría a su alrededor.

Atahualpa

Así fue como Francisco Pizarro impuso un dominio de terror, no sólo con los indígenas, sino también con sus compatriotas, al punto de ser objeto de varias sublevaciones. España aprobó su comportamiento nombrándolo Marques de las tierras asaltadas. La guerra desatada entre los conquistadores tuvo su tope cuando Diego de Almagro fue ejecutado por Hernando Pizarro.

Esta acción hizo que los partidarios de Almagro se agruparan entorno a su hijo mayor, siendo este quien encabezara el grupo de hombres que le dieron muerte a Francisco Pizarro. Así termina la historia de los Pizarros “legales” en el Perú.

Cuentan los pueblerinos que Francisco puso al descubierto las inclinaciones sexuales desviadas de Almagro el mozo y eso fue lo que provocó la pronta muerte de Pizarro. También cuenta de al menos 4 hijos ilegítimos que nunca fueron beneficiados de la holgura económica de la familia.

francisca-pizarro-yupanqui-2

Al regresar a España, su hija mayor, Francisca Pizarro Yupanqui, mandó a erigir un imponente palacio, como prueba del enriquecimiento de de la familia. Buscando evitar cualquier comentario que podría manchar tan insigne retrato de éxito familiar.

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No pude extrapolar de las cartas las opiniones de la abuela Sara, tampoco entiendo el interés de guardar este tipo de confesiones. Al terminar de leer sólo me quedó suspirar. No sabiendo que hacer con todo esta vorágine de información nueva que tengo en mi poder. ¿Quien diría que un antiguo diario y un montón de cartas podrían así cambiar el curso de la historia como la conocemos?

Aviso: Me decidido publicar estas verdades, por mucha insistencia de Miguel, quien me ha hecho entender que “entre el olvido y la memoria” es probable que estas confesiones se queden perdidas en el tiempo, que nadie nunca se atreva a aclarar esta historia respecto a este personaje conocido como Francico Pizarro.

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