Idealizar

Durante los primeros años de casada, una compañera de trabajo solía decirme que no estaba enamorada. No diré que me sentía acosada, pero digamos que era muy insistente en su comentario. Yo me limitaba a sonreirle, nunca sentí la necesidad de responder dándole explicaciones o justificaciones.

Pero en mis adentros sabía lo que sentía por mi matrimonio. De manera precisa e igualitaria a lo que siento por mis hijos.

Y es que esperaba que debía destilar aroma a rosas al caminar, que un halo de luz rodeada mi cabeza y que mi voz al hablar entonara armónicas melodías. Ahí fue donde estuvo su error, que haya sido su caso (que no se si fue así) no me obliga bajo ningún concepto a que me tocara replicarla.

El amor es una palabra universal que se manifiesta de demasiadas maneras. Al punto tal de que cada persona lo manifiesta de manera distinta.

Se que los amo. Los amo a los tres. Y mis demostraciones de afecto, de cariño se las debo a ellos, no al público.

El mundo no sabe que despierto a mis hijos llenándolos de besos y cantándoles las canciones que prefieren. El público no es testigo de que todas las noches lleno de besos a mi esposo justo antes de que duerma. Ni que él al despertar instintivamente me busca en la cama, entre las sábanas para abrazarme y desearme buenos días.

Ahí radica el problema de idealizar. Nos enfocamos tanto en como creemos que deberían ser las cosas, que dejamos de ser dignos de saber como realmente ocurren.

Ayuda externa

Y cuando mas envuelta estas en los líos de la oficina. Cuando manejando atascada en el transito con mil cosas que resolver, la nostalgia se sienta a tu lado y te pone conversación. Inicia su monologo con incoherencias publicas llenas de significados que solo tu entiendes. Te obliga a pensar, a recordar las historias del ayer que asumías superadas mucho tiempo atrás.

Llenas tu mente de interrogantes, de “y si”, analizando los diferentes y ya imposibles finales de historias que ya concluyeron. Nada cambiara y lo sabes, es solo pensar. Por hilvanar ideas y crear nuevos presentes.

Creo que es un moderno método de tortura. Sabes que ya es pasado. Pero esa estúpida llama de esperanza se mantiene latente y encendida. No conoces el motivo, pero sabes que sigue ahí.

Entonces te das cuenta de que no son suficientes tus aristas propias, requieres ayuda externa. Ahí es donde convocas a tus amigas. A esas locas incoherentes que te conocen mas de lo que deberían y por eso te soportan. Esas incomprendidas sociales que amas y en quienes confían. Que son capaces de estrellarte contra una pared, solo para hacer que reacciones debidamente ante una situación.

Es con ellas, entre lagrimas y alcohol, donde te atreves a desnudar tu alma decir en voz alta aquellas cosas que te autoprohibes pensar.

Que dicha saberlas presentes y dispuestas. Sabias y coherentes. Incapaces de reprimirse y de mentirte. Autenticas y leales.