Yo: sorprendida (II)

No son solo dos compañeros de oficina cualesquiera. Ella es mi amiga. A él lo auxilio en su nuevo proyecto. Nuestras responsabilidades están entrelazadas. Ambos ostentan matrimonios.  Buenos o malos, siguen siendo personas comprometidas, cada quien a su pareja.
¿Quién me pidió llorar un muerto que no es mío? ¿Quién me dijo a mí que esas cosas deben preocuparme?
Admito que no son cuentas de mi rosario, lo sé. Mi sorpresa viene al destacarse el hecho de que no parecen ser “ese” tipo de personas.
Al día de hoy nunca dije lo que vi. Nadie se ha enterado. Me quedé con la incógnita de saber si es correcto lo que vi o si solo malinterpreté la situación.
Así se quedó mi participación en esa historia. Con un punto final desde el inicio. Como un capítulo de una novela que por casualidad un día ves. Sin penas, ni glorias.

Yo: sorprendida (I)

Admito que ha sido todo un proceso aceptar las cosas.
Han pasado varias semanas, algunos meses, desde el día en que ocurrió todo.
Bien lo dice la frase famosa aquella, «estuve en el lugar incorrecto, en el momento menos indicado».
No preguntes ¿qué paso? aún no lo sé.
Toda la situación era digna de malinterpretar.
Los días siguientes solo pensaba en “eso”. Evité verle. Nunca hable del tema, pero no dejaba de rondarme en mi cabeza. Eso afectó mi estómago pues dejé de comer.
A pesar de que ha transcurrido el tiempo, no termino de captar toda la ecuación.
No sé si ella está ligada a él. No sé si es el quien la persigue. Lo que aún siguen siendo es él jefe y ella su secretaria.