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Parejas Inteligentes

Vivir con alguien; es comprometerse, es tener la agilidad mental de ser flexible, tolerante, negociador; aceptar las diferencias; saber perdonar y seguir adelante; pero sobre todo asumir compromiso, afecto, establecer vínculos y saber asumir un proyecto de pareja; de dos, nunca individual; y menos circunstancial. 

Libro “Parejas Inteligentes” de José Miguel Gómez

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Con dedicatoria

Enfermedades Modernas

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Al casarnos lo hacemos con el firme deseo que trabajar para que todo siempre marche bien. Sabemos que los problemas aflorarán y enturbiaran nuestras horas, el detalle radica en no permitir que la tormenta dure más del tiempo adecuado.

Normalmente en la historia de la humanidad es la mujer quien ha asumido las responsabilidades que vienen con el título de “señora de”. Callamos y cedemos, siempre sacrificándonos porque eso es lo que exige de nosotras la sociedad.

A pesar de mi vena feminista, tengo que destacar el caso de que a veces quienes tienen que ceder son los hombres. Los que fueron criados de la manera correcta por sus madres y que no se dejaron contaminar por el machismo imperante, también sufren.

Como los opuestos se atraen, son los caballeros lo que se enfrentan a la situación de ceder y callar. De pasar por alto sus arranques de ira y mantener la familia en orden. Son hogareños y tranquilos, prefieren quedarse en casa a tomarse unas cervezas con los amigos.

Llega un momento en que esta situación se muestra cuesta arriba. Aunque nos guste la vida en familia, a veces necesitados distendernos. Salir del ambiente conocido, hacer cosas que personalmente nos gusten con los amigos, los hermanos o hasta sólos.

En la relación de pareja se necesita extrañar al consorte. Que al llegar la noche tener cosas que contar respecto a nuestro día. Tener la libertad de ser uno mismo mientras se vive en par. No me malinterpreten, no hay que caer en la percepción de que se es soltero y no hay que reportarle horarios a nadie. Las reglas del hogar se respetan, todos los excesos son dañinos.

Lo más difícil de todo, es nunca saber la manera en que toda esta vorágine un día explotará. Las mujeres nos concentramos en los compromisos para olvidar lo que nos molesta. Los hombres cambian. Empiezan a hacer exactamente las cosas que nunca antes hacían. Ninguno de los géneros maneja sus sentimientos de la manera idónea. Lamentablemente, cuando se dan cuenta de que hay otra forma de hacer las cosas, ya es muy tarde para dar marcha atrás.

Con dedicatoria

Reflejos

Soy tu reflejo. Sólo tres palabras se requieren para establecer nuestro parentesco  El que haya emprendido un nuevo rol en mi vida, me ha hecho descubrir en mi misma lo tuya que soy. Soy tan parecida a ti, mucho más de lo que alguna vez  pensé. En la manera en que respondo y actúo  en como asumo responsabilidades, en como respiro. Sólo unas décadas de diferencia pero símiles   Te quiero mucho y la distancia a la que ahora nos enfrentamos me ha hecho entenderlo. De igual forma sé que ese amor no ha llegado al tope del que un día tendrá. Te respeto mucho. Admiro de ti tu abnegación y entereza.

Gracias por elegirme.

Con dedicatoria

Quiero sexo

Exactamente como se lee… sin pudor, ni vergüenza alguna: Quiero Sexo. No me preguntes que lo inspira o porque se da esta condición. Quiero Sexo.

Que me disculpen las mujeres castas que leen este blog (que creo que son muy pocas), ya sean recatadas y tímidas. No sé que me lo provoca. A lo mejor es la distancia que me separa de él, o la ausencia de la candidez de su cuerpo cerca del mio. Quiero Sexo.

Al parecer mis hormonas se activan ante su ausencia. No creo necesario detallar más la situación. Es una necesidad básica, primordial y sencilla: Quiero Sexo.

Con dedicatoria

Fe ciega

“Tienes demasiada fe”, esas fueron sus palabras exactas para definir mi accionar respecto a la relación que ya me envolvía. La misma a la que estaba entregada a mantener a flote.

“Tienes demasiada fe”, así se despidió de mi sin que me hiciera entender que era su despedida. No me permitió darle razones para no irse.

Me dejo llorando su partida y lamentando su ausencia sin saber que era definitiva.

Los meses han pasado inconteniblemente y como Penélope sigo esperándo. En las mañanas reviso mi bandeja de entrada con la esperanza secreta de recibir un correo suyo, donde con comentarios indecentes me recomiende una nueva página con matiz sexual.

Ya no hay conversatorios extensos donde haga análisis de mi personalidad basándose en lo estúpido de mis dudas.

No creo que me haya perdonado, en lo que asume que le he fallado. Su ausencia me lo confirma.

Mis planificaciones en la relación que detesta han continuado, siempre con el susto de que al contestar el móvil escuche su voz al otro lado dándome razones para olvidarme de todo.

Hoy no estoy tan segura de que continúe dándose una vuelta por el diario a ver las actualizaciones, a lo mejor no le hace falta pues le llegaran a su mail. Por si alguien puede enviarle mi mensaje dígale que como conclusión a estas líneas solo me resta decirle:

«Me haces falta. Te extraño.»