Hay cosas que queman dentro del alma. Sólo intento evitar el incendio.

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Estoy en paz

Woman admiring sunset from mountain top

Estoy en paz. Tranquila conmigo misma. Plena en mis actuaciones. Satisfecha de mis resultados. Me siento cuidada y protegida. Amparada por su manto protector. Me admito dolida, triste… decepcionada, pero eso no realizará cambio alguno en mis proyectos.

Su altivez le ha servido de collar y el orgullo de vestido. Esas prendas no son de mi gusto. No me entallan al cuerpo.

Me mantengo sobre mis pies, erguida. Como un bambu me doblo, más no me rompo. Y menos ante simples gotas de agua.

Lamento mucho que esto te pueda afectar, pero aún queda mucho de mi para dar.

¡Acéptalo! ¡supéralo! y para que te sea más fácil ¡Coopera!.

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No has visto mi fin

Caerse… Levantarse… Superarse… Sobrevivir… Mantenerse…
“Admito que estoy en el suelo postrada, que me has puesto de rodillas. No será para siempre. Voy a insistir, no lograrás sacarme del juego tan rápido. Me has quebrado pero yo resistire.
En mis adentros sigo siendo fuerte. Seguiré aquí, no me veras desvanecer. Me subestimas pues no me conoces. Son tiempos malos tiempos yo sobreviviré a ellos.
Este no es el fin, esto aún no se acaba.
No has visto lo último de mi, no has visto mi fin.

Experiencias y círculos…

camino, sendero, continuar, ruta

Hace unos momentos hablaba con unos amigos (No los etiqueto por asunto de privacidad / confidencialidad), y me hicieron revivir una de las lecciones que más he aprendido a valorar en la vida, una que hace algunos años una mujer que quise mucho me enseñó: a no aferrarme a nada ni a nadie. A veces se me olvida su enseñanza y es que es un proceso bien fácil apegarse a alguien y bien difícil despegarse, retomar las riendas, asumir la propia vida, aparte de esa persona. Los cambios llegan, unos más amablemente que otros, otros más duramente, pero todos con una enorme lección para aprender y quizá con un dolor que solamente significa una enseñanza sobre cómo asumir la vida con más orientación para una próxima ocasión.

He hablado con muchos amigos y conozco muchas personas aferradas a su pasado, o aferradas a un presente que ya no funciona, cargando con los grilletes de relaciones anteriores que ya terminaron, o con otras que no pudieron ser (aunque hayan sido por un momento muy corto y maravilloso). El tiempo me ha enseñado y me sigue enseñando que simplemente en ciertos momentos hay aprendizajes, en personas y situaciones, y que esos aprendizajes con esas personas y con esas situaciones deben terminar, y que no puedes hacer nada con forzar las cosas o con aferrarte a tu punto de vista: tienes que dejar ir. Empezar de nuevo, conocer gente nueva, formar otras relaciones. Capitalizar aprendizajes con personas y situaciones y asumir la vida sin ellas pero con los aprendizajes que te han dejado, con las cosas buenas que te han dado, con lo bueno que ellas aprendieron de ti.

El estancamiento es algo de lo cual muchos son víctimas, ya sea en relaciones disparejas, ya sea en la infame zona de los mejores amigos, ya sea anhelando los momentos pasados con parejas y relaciones que ya se fueron. El estancamiento no te permite ver lo que tienes al frente, no te permite ver al futuro, solo te permite anhelar repetir lo que ya ha pasado por tu vida. El estancamiento te quita creatividad y te engaña haciéndote pensar que la vida no cambia, que todo tiene que ser como tu pasado. El estancamiento te pone vendas en los ojos que no te permiten que veas las cosas como son y que resulta en que tú mismo te engañas viendo sólo lo que tú quieres ver.

Señores… hay que despertar.

Lo contrario al estancamiento es la evolución. Es entender que los cambios nos llevan a conocernos más, a saber más acerca de nosotros mismos, los demás y las circunstancias, a aprender que tenemos mucho que dar, o que tenemos que aprender a ser más generosos. La evolución te enseña a saber qué aceptarás y que eliminarás de tu vida y de las cosas que quieres. La evolución te hace crecer, abrirte a nuevas posibilidades. La evolución es apasionante, porque siempre la vida será más sabia de lo que tú eres. Si eres demasiado controlador y calculador la vida te mostrará que en lo impredecible se encuentra justo aquello que tú necesitas y que en lo inesperado llega la respuesta y la certeza que has estado buscando.

No controles. Que tiempo necesitas para saber que tu relación actual no compatible contigo? 6 meses? 1 año? 2? 5? 10?…

Simplemente respira, relájate y deja partir eso que te está atando.

Si te has equivocado aprende de tu error, sigue adelante y haz un compromiso contigo mismo de no caer en la misma trampa, de ver las cosas diferentes, de hacer lo correcto.

Empieza de nuevo, pero no desde ceros, porque has aprendido, has vivido, has querido y te has entregado y sabes que tienes los recursos para actuar, que sabes lo que quieres, que sabes cómo lograr lo que deseas, que puedes si es que quieres.

Si evolucionas sólo encontrarás cosas que te complementen y te hagan feliz, si te estancas nada te dará satisfacción.

Si lo crees sólo vendrán cosas buenas, si te quitas las vendas de los ojos y aceptas que hay que irse y dejar ir. Acepta la libertad de los otros de partir. Acepta que la vida es sabia y si siembras cosecharás.

No guardes temores sobre el futuro. No ansíes volver al vivir el pasado. Vive minuto a minuto y aprende a saber cuándo debes moverte y tomar tu propio camino.

Hay que agradecer por lo vivido. Respirar y seguir caminando.

https://www.facebook.com/notes/juan-ramos-rodriguez/experiencias-y-c%C3%ADrculos/10151430278605927


Sentencia Definitiva

“Él ya no me quiere”, esas fueron las palabras que activaron mi radar, haciéndome entender que ya todo estaba dicho.

“Él ya no me quiere”, así aceptó de manera definitiva de que no volvería. Admito públicamente que pensé que sólo era una tormenta, que los cielos se aclararían y dejaría de llover.

Esa sentencia me dijo que ya estaba preparada para pasar ese capítulo, cerrar ese libro y empezar una nueva historia.

Fue así que entendí que sus heridas habían empezado a cicatrizar. Sólo me resta a mi, como parte presencial, tener siempre a mano lápices y libretas, porque su vida iba a reescribirse.