Hay cosas que queman dentro del alma. Sólo intento evitar el incendio.

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Querer mucho

Hay que quererme mucho, para estar conmigo noche y día

Hay que quererte tanto como tú me quieres, vida mía

Hacer risa del llanto y tener el corazón de piedra

Hay que quererme mucho, para comprender tu extraño mundo

Hay que amar como un loco para ver montañas donde hay llano

Tú haces que yo vea peces de colores en mis manos


Borracha

Me encanta la música de este caballero para acompañar copas de vino tinto sentados en el balcon, sólo mirando al cielo.


Tu Esencia en mi Piel

A pesar de la formalidad que hemos asumido en nuestra relación, seguimos buscando un espacio para vernos como amantes.

Eso de salir discretamente ante la mirada de los amigos. Apagar los móviles. Nunca revelar la ubicación geográfica. Usar los cristales oscuros. Andar bajo el amparo de la noche, la luna.

Visitar moteles de paso y desnudarnos con la rapidez de la euforia y la desesperación. Así nos entregamos al placer que anhelan nuestros cuerpos. Compartir nuestros jadeos y quejidos cubiertos con el velo de la clandestinidad.

Rápidamente, sin darnos cuenta termino el tiempo que se nos permitía para amarnos. Con pesar nos cubrimos las pieles con la ropa que momentos antes llevábamos puestas. Hubiéremos preferido seguir juntos pero nos separamos pues nuestros caminos eran distintos.

Al llegar, como es costumbre, me llamo para avisar que todo estaba bien. Me solicito que tomase una ducha, eso me ayudaría a olvidar el cansancio del día. Me negué. El no entendió y siguió sugiriéndolo.

“No quiero alejarte de mi, le dije. En mi cuerpo tengo tu aroma impregnado. Mi piel sigue viscosa por tu sudor. Me niego a perder tu esencia. ¿Cansancio, dices?, ¿A cuál te refieres, si ya te encargaste de quitar todos los rastros de estrés de mi organismo”.

Con un tono sorpresivo en su voz, agradeció el gesto y dejo en mis manos la decisión final.

Minutos después, tome un baño. La salud y la higiene me obligaban a ello. Solo  me resta esperar a que logremos coordinar nuestras agendas y encontremos un nuevo momento para que sigilosamente acudamos a una cita para amarnos.


Doubt

Y mientras la oscuridad sigue haciéndose dueña, ama y señora de la noche… Y mientras muchos descansan precisamente enlazados a Morfeo, yo incapaz de callar la voces en mi interior sigo llenándome de dudas, cuestionamientos y porqués.


The Last Night (III & last)

Continuación…

Subieron a la azotea a tomar un respiro mientras seguían consumiendo el champagne. Abrazados danzaron como antes cuando habían sido pareja. Su pasado la estrechó entre sus brazos, obligándola a recordar. Era el tipo de acercamiento físico que desencadenaría todo. Y ella no impidió el beso, lo correspondió.

Ese aroma, la textura de ese cuerpo, los brazos que la cubrían, la faz que se acercaba, ese aliento… todo tan disímil a los de su esposo.

La mujer de la oficina se apresuró a lanzarse a la piscina, para impedir que él se retractara. Durante un largo rato se mantuvieron distanciados, solo charlando y confesándose muchas intimidades.

Esa noche los esposos amanecieron en camas distintas, acompañados de personas que no eran las que les correspondían.

Ella se despidió, como dos años antes, de su pasado. Cada quien siguió hacia un camino distinto, uno totalmente opuesto al otro. Las lágrimas en el rostro de ella comenzaron a salir. Su pasado la besó apasionadamente con la resignación del “hasta nunca”.

Esa mañana al buscar su cambio de ropa, él encontró una nota de disculpas de ella. Se sinceraba sobre la pelea del día anterior. Admitía que lo conocía y que le amaba. Eso hizo que la conciencia del esposo finalmente apareciera. Prefirió dejar sus obligaciones laborales y correr a casa al reencuentro con su esposa.

Ella al llegar a su casa se desnudó y se puso a fumar aún con los ojos empañados por las lágrimas. Cuando él llegó la encontró en esa misma situación: fumando y llorando. El mintió cuando dijo que la jornada de trabajo había terminado temprano.

Ella sugirió olvidar lo que había pasado. El la invitó a almorzar para que pudieran relajarse, la abrazó fuerte, a pesar de ese olor a cigarrillo que odiaba, esa esencia la embargaba. Le dijo que la amaba,  mientras se percataba de que sus zapatos de fiesta seguían en el suelo.

Ambos se miraron a los ojos y descubrieron que todo lo que decían eran mentiras. Y a pesar de saber esto, siguieron  con la normalidad de sus vidas. Cual si nada hubiese pasado.


The Last Night (II)

Continuación…

Entonces la copa se convirtió en una cena doble. Una pareja los esperaba en un restaurante para cenar. Aunque en un principio se negó, terminó aceptando pues su esposo no estaba en la ciudad. De camino, ese mismo esposo quiso acortar las distancias y hacerse presente en la noche de su esposa. La llamó, ella no contestó. ¿Culpabilidad? Quizás.

Luego de la cena con los clientes la compañera propone al grupo algo de alcohol para pasar la noche. Solo el esposo acepta.

La cita doble fue muy incómoda desde el principio, el caballero que esperaba destacó la belleza de ella, y apenas dándole tiempo a responder le preguntó: “¿Duermen juntos?” La conversación en la cena se centró en la historia de la pareja, que no era pareja.

En otro estado, dos compañeros de oficina se tomaban unas copas en la barra de un bar, mientras se conocían. La mujer prefirió seguir tomando en otro lugar. Siguieron entonces en la misma situación. Otra barra, otro bar, otros tragos, más confesiones, y un beso. Volvieron a cambiar de lugar, eligiendo ahora la piscina del hotel donde se hospedaban.

Durante su cena, ella se encontró a una amiga, quien trajo el tema de la ausencia del esposo. Él volvió a llamarla y ella se levanto de la mesa y le contesto. Ambos mintieron al decirse verdades a medias, diplomáticamente seleccionadas. Cerrando para colmo con un “Te amo”.

La pareja real de la cena tenía fiesta en casa. La pareja ficticia tuvo que ir a resolver algo que ella tenía pendiente. Eso creó el espacio para que se quedaran completamente solos y libres para hablar a sus anchas. Ella se sentía muy cómoda al estar frente a su pasado, la manera en que se sentó encima de la mesa de la cocina fue bastante clara. Buscaron razonamientos lógicos del por qué. Ella fue capaz de gritar sus dudas y admitió amar tanto su presente como su pasado. A los dos los amaba. Armándose de valor su pasado también hizo las preguntas que siempre quiso hacer, a pesar de lo dolorosas que resultaron las respuestas.

Continuará…


The Last Night (I)

Representan sin lugar a dudas lo que se denominaría un matrimonio idóneo. Él trabaja con bienes raíces, ella escribe. Jóvenes, llenos de vida y de luz. Exitosos y económicamente estables.

En una cena, la nueva compañera de oficina de él, llama la atención de ella. Nunca él se refirió a lo atractiva que era, o a que habían estado viajando a otros estados juntos. Eso le enciende las luces de alerta. Luego de un debate sobre las diferentes perspectivas de cada uno, ella asume la postura de que posiblemente sólo sean exageraciones, pero ese nuevo viaje para esa reunión en otro estado, no le termina de simpatizar, para nada. Él se va. Ella se queda.

Por desgracias de la vida, esa misma mañana al comprar el café, ella encuentra a su pasado mirándola a través del cristal de la cafetería. No hay dudas, el demonio trabaja 24 horas y 7 días a la semana. La invitación es solo a tomar un trago recordar viejas vivencias, solo charlar. Total, ya las posibilidades entre ambos quedaron clausuradas cuando ella se casó. ¿Qué podría pasar? Solo una copa y ya. La manera en que se dedicó vestirse fue la premonición de que sería una larga noche.

Él lleva sobre sus hombros la presión de una hermosísima compañera de trabajo que no deja discretamente de c

Se arregló para la invitación que le hacia su pasado, una copa nada mas, solo recordar el ayer y despedirse como buenos amigos. Su actitud era retadora, como siempre. Para ella era imposible disimular la felicidad que le embargaba  estar ahí. Sus mejillas siempre estuvieron rosadas, y no por el maquillaje. 

Intentaba suavizar el ambiente. Hablaron del interés de ella en leer su libro, de su nuevo amor. Ella pretendió recordarse a si misma su matrimonio permitiendo que las palabras salieran de sus labios: “Estoy casada”.

Él, mientras evitaba la mirada instigadora de su compañera de trabajo durante toda la cena con los nuevos clientes.

Estar tomando ese Martini para ella era todo un delirio. Un éxtasis. Se lo hizo saber. “Sabes es un momento extraño. Creo que es posible que quería que intervengas en mi vida. Es como que pensé en ti y apareciste. Siempre pienso en ti cuando las cosas no van bien.”, fueron sus palabras exactas.

Continuará…