y ahora quien?

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Bendita seas tu mujer abnegada… Madre dedicada, hija entregada, empleada distinguida, amiga comprometida.

Tú que eres la piedra angular de todos los que te rodean. El bastón de apoyo para quienes tambalean en su andar. La siempre disponible psicóloga, terapeuta y consejera espiritual. La misma que estratégicamente tiene en sus labios palabras que resultan bálsamos para quienes con el alma afligida acuden a ti en busca de alivio. Todos en sus momentos de angustia agradecen a los cielos el haberte conocido. Que estés ahí para mostrarles el camino, enderezar sus sendas y explicarles las ecuaciones que la vida suele interponer.

Hoy te toca a ti sentir el sobresalto en tu corazón, hoy eres tú quién tienes el alma abatida y desolada. Llegas a tu hogar, esquivando la mirada de tu familia, te encierras en tu habitación a lamerte las heridas. A llorar amargamente tus penas, sabiendo que no encontrarás quién preocupándose por ti te ofrezca su hombro para llorar.

A lo mejor ahí es donde radica el pilar de tu tristeza: en tu oculta soledad. En la incapacidad de los demás de acudir al auxilio de quién en algún momento les socorrió. ¿A quién acudir en un momento como este? ¿Quién tendrá tu paciencia ejemplar y se limitará a escucharte, todo en pos de que te desahogues?

Y sabiendo lo veraz de tu realidad, quedarás resignadamente dormida en tus lágrimas, sin hallar tranquilidad para ti misma.

Mañana iniciarás con ese hermoso mensaje motivacional que cuelgas en el muro de tu red social. Nadie se percatará de lo que ha pasado, tú no lo contarás.

Y así empieza el ciclo otra vez, sin que nada cambie durante el mismo.

Me gusta o no me gusta, esa es la cuestión

me gusta, no me gusta

Parafraseando a Shakespeare en Hamlet, es como inicio este post. Que llegando de improviso me ha enganchado en la idea de Miguel a través de By Pils. Asi que sin ser invitada aquí me tienen les guste o no.

Me gustan las tardes y las noches lluviosas. No me gustan los charcos que se arman en las avenidas de mi país.
Me gusta, como masoquista que soy, las canciones que me despiertan la melancolía. No me gustan las canciones que no tienen letras.
Me gusta una taza de café durante una tertulia con mis amigas. No me gustan las reuniones impuestas donde nadie aporta nada nuevo.
Me gustan las verdades que me alegran el corazón. No me gustan las mentiras que me evitan pesares.
Me gustan los abrazos de mi madre. No me gustan las sonrisas de los hipócritas.
Me gusta salir de paseo con mi esposo. No me gustan las visitas improvisadas que no saben cuando irse.
Me gustan las amigas que aún sabiendo las cosas aconsejan en base a la verdad no solo por la conveniencia de la situación. No me gustan las personas confianzudas y desatinadas al hablar.
Me gusta que las ideas más originales lleguen cuando menos las estoy buscando. No me gustan cuando no logro expresar en el papel lo que pensé antes.
Me gustan estos originales retos que estrechan la relaciones entre los blogueros. No me gustan quienes piden mediante comentarios que les siga. Prefiero que sus entradas me obliguen a seguirlos.