Dulce veneno

El desconocimiento te hará feliz”, con esa frase la felicité por su inminente matrimonio. Mis palabras no demostraron tristeza, sino más bien, cierto tono de conformidad.

Enfrentas en tu vida cambios dignos de sopesar antes de ser sometidos. Él es de fácil trato y afable. De sonrisa constante y con disponibilidad para ayudar. Siempre te tiene pendiente y nunca oculta ante los demás el honroso lugar que ocupas en su vida. Aún así nunca bajes la guardia. No espero que andes como histérica revisando los aromas de sus camisas, pero cuando los cálculos no empiecen a cuadrar, no esperes a un contable que te los verifique. No te pierdas tras su sombra. Serás su esposa y tu lugar es a su lado, acompañándole. Que tu placer por complacerle no permita que se pierda el brillo en tu mirada. Olvídate de ostentar una casita de muñecas e invierte tu tiempo divirtiéndote con los tuyos. Decídete a vivir los días, que soleados, te hagan feliz. Los momentos sombríos entraran sin ser invitados, tendrás que sobreponerte a ellos y utilizarlos para fortalecerte. Se inteligentemente bruta y serás feliz”.

Tóxicos

La historia se fue haciendo cada vez más extraña entre ellas. La distancia fue inmiscuyéndose sin que nadie entendiera. Físicamente se mantenían juntas mientras sus almas se alejaban irremediablemente. Cada una se enfocó en los proyectos personales que no eran del agrado de la otra… A lo mejor inconscientemente ese fue el inicio del fin. Ambas estaban dispuestas a ser el apoyo de la otra, pero cada una se encerraba en sus asuntos propios.

Los temperamentos que ostentaban eran fuertes. Tanto que sólo se lograba la unidad cuando una de ellas se callaba, mientras la otra hacia los comentarios mordaces.

Ante esta situación lo más lógico es pensar, ¿realmente son amigas?, ¿Por qué el afán de mantener esa relación “amor-odio”? ¿Es suficientemente fuerte lo que las une como para hacer que ese barco se quede flotando?