Escape

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Y después de un largo día de mil “responsabilidades” que cumplir, donde todos los pendientes eran urgentes, donde cada asignación era esperada por alguien, llega la desesperación.

Ese anhelo intrínseco de llegar a casa, quitarte la ropa de trabajo, y solo descansar. Recurrir a lavar el cuerpo del estrés laboral y del cansancio mental. Pero entonces al sentirte ligera es cuando te das cuenta que hay algo más.

Debajo de las capas de tela del caluroso uniforme de oficina, la tristeza ha hecho un nido. Simplemente estás llenas de nostalgia y melancolía. Y no sabes porqué.

No queda ánimo siquiera para decir que no. Dedicar tiempo a cuidar de ti, se va a un quinto lugar en la lista de prioridades.

A veces, para esconder del mundo tu “debilidad”, te sacudes las penas y te encierras en las responsabilidades que te esperan en el hogar. Así entre platos que lavar, ropa que organizar, comida que preparar, pisos que limpiar… escondes el malestar animico que te afecta.

El detalle es que no es una solución permanente. Ni resolverá la situación ni impedirá que vuelva a ocurrir. Es sólo una vía de escape.

Y lo sabes.

Sólo que te auxilias de ella hasta que llegue el momento en que todo el castillo de naipes caiga. En que guardes tanta presión dentro de ti y explotes como un globo al posarse en un cactus.

Esperas que cuando ese momento se marque en el reloj, estés lo suficientemente sola como para que nadie se percate de que eres humana… De carne y hueso e imperfecta.

Me gusta o no me gusta, esa es la cuestión

me gusta, no me gusta

Parafraseando a Shakespeare en Hamlet, es como inicio este post. Que llegando de improviso me ha enganchado en la idea de Miguel a través de By Pils. Asi que sin ser invitada aquí me tienen les guste o no.

Me gustan las tardes y las noches lluviosas. No me gustan los charcos que se arman en las avenidas de mi país.
Me gusta, como masoquista que soy, las canciones que me despiertan la melancolía. No me gustan las canciones que no tienen letras.
Me gusta una taza de café durante una tertulia con mis amigas. No me gustan las reuniones impuestas donde nadie aporta nada nuevo.
Me gustan las verdades que me alegran el corazón. No me gustan las mentiras que me evitan pesares.
Me gustan los abrazos de mi madre. No me gustan las sonrisas de los hipócritas.
Me gusta salir de paseo con mi esposo. No me gustan las visitas improvisadas que no saben cuando irse.
Me gustan las amigas que aún sabiendo las cosas aconsejan en base a la verdad no solo por la conveniencia de la situación. No me gustan las personas confianzudas y desatinadas al hablar.
Me gusta que las ideas más originales lleguen cuando menos las estoy buscando. No me gustan cuando no logro expresar en el papel lo que pensé antes.
Me gustan estos originales retos que estrechan la relaciones entre los blogueros. No me gustan quienes piden mediante comentarios que les siga. Prefiero que sus entradas me obliguen a seguirlos.