Agradable Compañia

Lograr coordinar nuestras agendas fue todo una odisea. Entre sus responsabilidades empresariales y las mías, mis horarios familiares y los de ella no lográbamos congeniar. Hubo que esperar dos semanas para que la cita se hiciera efectiva.

Nunca requerimos una razón específica para vernos. Dos amigas de toda la vida no la necesitaban. Solo era asunto de pasar tiempos juntas.

Iniciamos con un café, continuamos con un almuerzo y pasamos la tarde entre copas de vino artesanal. Lo peor de todo es que los temas nunca terminaron. Siempre hay cosas que debatir. 

Que agradable es poder decir lo que se piensa en total libertad. Poder expresar los sentimientos que se mantienen bien ocultos en los rincones del alma. Saber que las palabras no serán malinterpretadas, que las frases no serán juzgadas, ni las intenciones vistas con matices maquiavélicos. Solo hablar y desahogarse sin temores. Tener la seguridad de que cada palabra será escuchada con atención, con el marcado interés de ayudar a buscar las aristas de las esquinas que aún no se han visto, crear soluciones nuevas, realizar innovaciones al analizar todas las opciones, posibles o imposibles.

Compañia

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No somos perfectos, pero no la necesitamos para disfrutar a plenitud uno del otro. “De la abundancia del corazón, habla la boca”, dice la Biblia. Es por eso que desde que llevo dos anillos en mi mano izquierda, las palabras respecto a ti fluyen con mayor facilidad. Has llenado mis expectativas, al punto de sobrepasarlas. Día a día, encuentras maneras de alivianar mis cargas. Tu compañía me reconforta, me sana, me libera, me protege. Quisiera encontrar miles de maneras nuevas para que lo entiendas.