Idealizar

Durante los primeros años de casada, una compañera de trabajo solía decirme que no estaba enamorada. No diré que me sentía acosada, pero digamos que era muy insistente en su comentario. Yo me limitaba a sonreirle, nunca sentí la necesidad de responder dándole explicaciones o justificaciones.

Pero en mis adentros sabía lo que sentía por mi matrimonio. De manera precisa e igualitaria a lo que siento por mis hijos.

Y es que esperaba que debía destilar aroma a rosas al caminar, que un halo de luz rodeada mi cabeza y que mi voz al hablar entonara armónicas melodías. Ahí fue donde estuvo su error, que haya sido su caso (que no se si fue así) no me obliga bajo ningún concepto a que me tocara replicarla.

El amor es una palabra universal que se manifiesta de demasiadas maneras. Al punto tal de que cada persona lo manifiesta de manera distinta.

Se que los amo. Los amo a los tres. Y mis demostraciones de afecto, de cariño se las debo a ellos, no al público.

El mundo no sabe que despierto a mis hijos llenándolos de besos y cantándoles las canciones que prefieren. El público no es testigo de que todas las noches lleno de besos a mi esposo justo antes de que duerma. Ni que él al despertar instintivamente me busca en la cama, entre las sábanas para abrazarme y desearme buenos días.

Ahí radica el problema de idealizar. Nos enfocamos tanto en como creemos que deberían ser las cosas, que dejamos de ser dignos de saber como realmente ocurren.

Independencia parental

Admitámoslo nadie tiene la verdad absoluta de todas las cosas que le rodean. Y yo, la más imperfecta de las hijas de Dios pues mucho menos. Esto me hace pensar que tengo una percepción errónea de lo que debe ser una familia.
Me explico: No tuve la dicha, creo que pocos llegamos a ostentarla, de tener cercanía personal con mis padres. Okey son mis padres y el respeto está ahí, por supuesto, pero no son de mi confianza, lo confieso, no son en quienes pienso cuando llegan los problemas o a quienes acudo cuando las dudas existenciales llegan. Ese nunca ha sido su papel en mi vida.
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Así que cuando veo a quienes para todo cuentan con sus progenitores, lo veo raro. Ni bien ni mal, solo raro. Asumo que llega un momento en la vida en que las decisiones así como las consecuencias de estas son enteramente personales. Una cosa es consultar a quienes nos procrearon, pero que nuestra decisión final dependa absolutamente de ellos, eso no lo veo bien.
Es muy probable  que la equivocada sea yo. Que mi deseo de demostrar mi independencia haga que pierda los maravillosos consejos que mis padres podrían llegar a darme.
Tampoco es que evite los consejos que personas mayores podrían ofrecerme. Tengo amigos con los que si cuento y a quienes suelo acudir. Es solo que no es mi estilo exponerles mis más íntimos pensamientos.
No se sientan ofendidos, quienes crean que deban. Es solo lo que pienso y siento.