Ayuda externa

Y cuando mas envuelta estas en los líos de la oficina. Cuando manejando atascada en el transito con mil cosas que resolver, la nostalgia se sienta a tu lado y te pone conversación. Inicia su monologo con incoherencias publicas llenas de significados que solo tu entiendes. Te obliga a pensar, a recordar las historias del ayer que asumías superadas mucho tiempo atrás.

Llenas tu mente de interrogantes, de “y si”, analizando los diferentes y ya imposibles finales de historias que ya concluyeron. Nada cambiara y lo sabes, es solo pensar. Por hilvanar ideas y crear nuevos presentes.

Creo que es un moderno método de tortura. Sabes que ya es pasado. Pero esa estúpida llama de esperanza se mantiene latente y encendida. No conoces el motivo, pero sabes que sigue ahí.

Entonces te das cuenta de que no son suficientes tus aristas propias, requieres ayuda externa. Ahí es donde convocas a tus amigas. A esas locas incoherentes que te conocen mas de lo que deberían y por eso te soportan. Esas incomprendidas sociales que amas y en quienes confían. Que son capaces de estrellarte contra una pared, solo para hacer que reacciones debidamente ante una situación.

Es con ellas, entre lagrimas y alcohol, donde te atreves a desnudar tu alma decir en voz alta aquellas cosas que te autoprohibes pensar.

Que dicha saberlas presentes y dispuestas. Sabias y coherentes. Incapaces de reprimirse y de mentirte. Autenticas y leales.

Agradable Compañia

Lograr coordinar nuestras agendas fue todo una odisea. Entre sus responsabilidades empresariales y las mías, mis horarios familiares y los de ella no lográbamos congeniar. Hubo que esperar dos semanas para que la cita se hiciera efectiva.

Nunca requerimos una razón específica para vernos. Dos amigas de toda la vida no la necesitaban. Solo era asunto de pasar tiempos juntas.

Iniciamos con un café, continuamos con un almuerzo y pasamos la tarde entre copas de vino artesanal. Lo peor de todo es que los temas nunca terminaron. Siempre hay cosas que debatir. 

Que agradable es poder decir lo que se piensa en total libertad. Poder expresar los sentimientos que se mantienen bien ocultos en los rincones del alma. Saber que las palabras no serán malinterpretadas, que las frases no serán juzgadas, ni las intenciones vistas con matices maquiavélicos. Solo hablar y desahogarse sin temores. Tener la seguridad de que cada palabra será escuchada con atención, con el marcado interés de ayudar a buscar las aristas de las esquinas que aún no se han visto, crear soluciones nuevas, realizar innovaciones al analizar todas las opciones, posibles o imposibles.