Hay cosas que queman dentro del alma. Sólo intento evitar el incendio.

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Regresar

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Hoy me desperté dispuesta a regresar. No conozco los motivos especificos, pero quise hacerlo. Regresar al lugar de donde nunca debi salir. Espero que esta vez la permanencia sea más… permanente.

Debo confesar que extraño cosas que solo encuentro aquí, solo en este lugar inexistente, que esté sin estar.

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Ante tu ausencia

Hasta anoche no era consciente de lo que realmente acontecía a mi alrededor. Hasta anoche cuando él preguntó por su ausencia. No sé por qué, a lo mejor sólo había bloqueado todo lo que pasó un año atrás.

Aunque todos esperábamos ese llamado, nadie estaba preparado para la vorágine de sentimientos que se vieron involucrados.

Se fue mi matriarca. Esa dulce y dedicada anciana en torno a quien giraba nuestro mundo. Su presencia hace falta. Han pasados muchas cosas que con su toque personal hubiese sido diferentes.

La compra de un hogar, un nacimiento, una boda, ella hubiese sido feliz al ver como sus descendientes asumían sus destinos.

Hace un año ya desde que no está. Y su ausencia está tan latente como el día en que se fue.

Sólo nos quedan sus recuerdos y los valores que sembró en cada uno  de nosotros. Nos queda su legado, sus regaños y sus sonrisas, y todo se extraña en la misma dimensión.

Me resta sentirme dichosa por haberme sentado en sus piernas, que peinara mis trenzas, de haber compartido mi cama con ella, de acompañarle en algunas de sus andanzas, especialmente de haberle cuidado cuando su salud empezó a fallar y de encargarme de su alimentación cuando hizo falta.

Sigues aquí conmigo, mamá.


Fe ciega

“Tienes demasiada fe”, esas fueron sus palabras exactas para definir mi accionar respecto a la relación que ya me envolvía. La misma a la que estaba entregada a mantener a flote.

“Tienes demasiada fe”, así se despidió de mi sin que me hiciera entender que era su despedida. No me permitió darle razones para no irse.

Me dejo llorando su partida y lamentando su ausencia sin saber que era definitiva.

Los meses han pasado inconteniblemente y como Penélope sigo esperándo. En las mañanas reviso mi bandeja de entrada con la esperanza secreta de recibir un correo suyo, donde con comentarios indecentes me recomiende una nueva página con matiz sexual.

Ya no hay conversatorios extensos donde haga análisis de mi personalidad basándose en lo estúpido de mis dudas.

No creo que me haya perdonado, en lo que asume que le he fallado. Su ausencia me lo confirma.

Mis planificaciones en la relación que detesta han continuado, siempre con el susto de que al contestar el móvil escuche su voz al otro lado dándome razones para olvidarme de todo.

Hoy no estoy tan segura de que continúe dándose una vuelta por el diario a ver las actualizaciones, a lo mejor no le hace falta pues le llegaran a su mail. Por si alguien puede enviarle mi mensaje dígale que como conclusión a estas líneas solo me resta decirle:

«Me haces falta. Te extraño.»


No estás

Te extraño tanto.
Tu ausencia me pesa demasiado.