Idealizar

Durante los primeros años de casada, una compañera de trabajo solía decirme que no estaba enamorada. No diré que me sentía acosada, pero digamos que era muy insistente en su comentario. Yo me limitaba a sonreirle, nunca sentí la necesidad de responder dándole explicaciones o justificaciones.

Pero en mis adentros sabía lo que sentía por mi matrimonio. De manera precisa e igualitaria a lo que siento por mis hijos.

Y es que esperaba que debía destilar aroma a rosas al caminar, que un halo de luz rodeada mi cabeza y que mi voz al hablar entonara armónicas melodías. Ahí fue donde estuvo su error, que haya sido su caso (que no se si fue así) no me obliga bajo ningún concepto a que me tocara replicarla.

El amor es una palabra universal que se manifiesta de demasiadas maneras. Al punto tal de que cada persona lo manifiesta de manera distinta.

Se que los amo. Los amo a los tres. Y mis demostraciones de afecto, de cariño se las debo a ellos, no al público.

El mundo no sabe que despierto a mis hijos llenándolos de besos y cantándoles las canciones que prefieren. El público no es testigo de que todas las noches lleno de besos a mi esposo justo antes de que duerma. Ni que él al despertar instintivamente me busca en la cama, entre las sábanas para abrazarme y desearme buenos días.

Ahí radica el problema de idealizar. Nos enfocamos tanto en como creemos que deberían ser las cosas, que dejamos de ser dignos de saber como realmente ocurren.

Me gusta o no me gusta, esa es la cuestión

me gusta, no me gusta

Parafraseando a Shakespeare en Hamlet, es como inicio este post. Que llegando de improviso me ha enganchado en la idea de Miguel a través de By Pils. Asi que sin ser invitada aquí me tienen les guste o no.

Me gustan las tardes y las noches lluviosas. No me gustan los charcos que se arman en las avenidas de mi país.
Me gusta, como masoquista que soy, las canciones que me despiertan la melancolía. No me gustan las canciones que no tienen letras.
Me gusta una taza de café durante una tertulia con mis amigas. No me gustan las reuniones impuestas donde nadie aporta nada nuevo.
Me gustan las verdades que me alegran el corazón. No me gustan las mentiras que me evitan pesares.
Me gustan los abrazos de mi madre. No me gustan las sonrisas de los hipócritas.
Me gusta salir de paseo con mi esposo. No me gustan las visitas improvisadas que no saben cuando irse.
Me gustan las amigas que aún sabiendo las cosas aconsejan en base a la verdad no solo por la conveniencia de la situación. No me gustan las personas confianzudas y desatinadas al hablar.
Me gusta que las ideas más originales lleguen cuando menos las estoy buscando. No me gustan cuando no logro expresar en el papel lo que pensé antes.
Me gustan estos originales retos que estrechan la relaciones entre los blogueros. No me gustan quienes piden mediante comentarios que les siga. Prefiero que sus entradas me obliguen a seguirlos.