De imprevisto (I)

Decir que lo presentía sería mentir. Todo estaba en perfecto orden, nada fuera de lugar. Ese miércoles sólo decidí hacer un alto a las diligencias para almorzar en casa, en tu compañía. No sé de donde me surgió esa comida sorpresa, es sólo que el ánimo me embargó el espíritu y me atreví.

Fue extraño encontrar un auto en mi parqueo, pero no le dí la menor importancia, nunca estoy en casa a esas horas. “El vecino tiene visitas”, pensé, mientras subía las escaleras hacia el tercer piso.

La televisión se escuchaba en todo el corredor, el ruido era tan ensordecedor que no se percataba el sonido de mis llaves al abrir las puertas. Fue esa cartera de mujer la que me sobresaltó. Instintivamente fuí a nuestra habitación.

La puerta estaba semi abierta, la claridad del medio día no me ocultó lo que pasaba en nuestra cama matrimonial. 

continuará…

Dulce veneno

El desconocimiento te hará feliz”, con esa frase la felicité por su inminente matrimonio. Mis palabras no demostraron tristeza, sino más bien, cierto tono de conformidad.

Enfrentas en tu vida cambios dignos de sopesar antes de ser sometidos. Él es de fácil trato y afable. De sonrisa constante y con disponibilidad para ayudar. Siempre te tiene pendiente y nunca oculta ante los demás el honroso lugar que ocupas en su vida. Aún así nunca bajes la guardia. No espero que andes como histérica revisando los aromas de sus camisas, pero cuando los cálculos no empiecen a cuadrar, no esperes a un contable que te los verifique. No te pierdas tras su sombra. Serás su esposa y tu lugar es a su lado, acompañándole. Que tu placer por complacerle no permita que se pierda el brillo en tu mirada. Olvídate de ostentar una casita de muñecas e invierte tu tiempo divirtiéndote con los tuyos. Decídete a vivir los días, que soleados, te hagan feliz. Los momentos sombríos entraran sin ser invitados, tendrás que sobreponerte a ellos y utilizarlos para fortalecerte. Se inteligentemente bruta y serás feliz”.