Lecciones de Vida Propias

madre, hija, reclamo, conversacion

La empatía es un sentimiento bueno, así lo considero. Sin importar el tipo de relación siempre debe estar presente. Pero los extremos… esos si que no son buenos.

No por sentirnos identificados con alguien debemos asumir que sus situaciones son nuestras. No es correcto vivir bajo las circunstancias particulares de alguien más.

Qué un amigo haya perdido a un ser querido no te obliga a aislarte del mundo y vivir tú ese duelo.

Si el esposo de tu amiga le fue infiel, no caigas en el error de culpar a tu pareja de los errores que ese fulano cometió.

Que en el momento que mejor le iba a tu hermana profesionalmente, tu compañía quebró. Solo por apoyarla no debes recurrir al paro.

Que el vecino del frente no midió su distancia y ralló el auto nuevo de tu hermano menor. No recojas firmas para una carta de amonestación en el vecindario.

Si luego de 25 años de matrimonio tus padres deciden separarse, no te adjudiques toda la carga emocional que conlleva ese divorcio. Muy probablemente ellos se apropien su nuevo estado con mucho vigor y felicidad, como una etapa de libertad.

Cada quien tiene sus propias experiencias y de estas se desprenderán sus propias lecciones de vida. Asume sólo las PROPIAS.

Ocupar el lugar ajeno

He pasado varios días pensando en la facilidad con la que juzgamos a quienes nos rodean… Es tan fácil decir «estuvo mal, debiste de….» pero pocas veces nos mordemos la lengua y pensamos un poco en la razón que llevó a ese alguien a actuar de esa manera.

Decimos sentir empatía y simpatía por quienes nos acompañan, pero realmente pocas veces nos ponemos en su mismo lugar. A lo mejor salió de casa tarde, encontró un neumático vacío, se quedó atascado en el transito, para colmo el superior solicita un informe complicado con urgencia, mientras al PC esta en el taller.

A lo mejor se están acumulando las cuotas del pago de la tarjeta de crédito y aún no se sabe de donde vendrá el dinero para saldarla.

Y donde me desenvuelvo la situación es fácil de encontrar. Madres que juzgan a sus hijas, padres que encasillan a sus hijos, jefes que no entienden, parejas que no escuchan. ¿Qué es lo que pasa?

Por qué resulta tan difícil ponerse en el lugar del otro, en tratar de entender. De donde viene ese afán de que los demás justifiquen su accionar. Sólo nos toca por ocasiones callar. No hablar, si pondremos las palabras en tela de juicio.

Esperar a que baje la marea, dar tiempo a que se diluya la niebla… de hacerlo veremos que en todas las situaciones hay un mar de fondo.