Queremos vivir

Llega el momento en que después de mucho analizar y pensar te das cuenta de que sólo quieres vivir.

No resultas mala mujer, no mientes más de lo normal, cumples con tus deberes sociales, pagas tus impuestos a tiempo, haces obras de calidad. Aún así las cosas no resultan como esperas, como al menos te mereces que sea.

Cocinas con los trucos que te enseñó la abuela, hasta tejes un poquito en crochet, te esmeras al organizar y decorar tu casa. Siempre fuiste la más condecorada en el cuadro de honor escolar y al graduarte en la universidad la situación se repitió.

En tu trabajo has destacado. Cumples a cabalidad tus responsabilidades, pero por momentos parece que nada es suficiente. Cada sacrificio es inválido. Se espera más y más… La sociedad, los amigos, la familia, todos esperan algo de ti. Tú te ahoga entre los anhelos de los demás, perdiendo por momentos tu identidad y olvidándote de tus propios deseos.

Y tú sólo quieres vivir. Ir a la playa, disfrutar de un café, leer fervientemente un libro, aprender un nuevo idioma, encontrar cada día una nueva razón para seguir viviendo. Es mientras riegas las rosas del balcón cuando asumes que es tiempo de establecer prioridades.

La historia de mi adiccion (2)

Salí a la sala mientras arreglaba mis ropajes, pero la sangre no fluía eficazmente a su cerebro. Me aprisionó contra una pared y continuo llenándome de besos mientras intentaba quitar el botón de mis pantalones. Con resistencia retrasé su avance. En el forcejeo terminamos en el suelo, revolcándonos. El en pos de desnudarme, yo tratando de evitarlo.

Una llamada lo desconectó de sus intenciones, dándome el tiempo necesario para poner cada botón en su lugar. Solo esos segundos fueron suficientes.

Al volver había regresado la calma e imitándome pasó al baño a refrescarse un poco. Para luego acompañarme en mi partida.

Nunca me había atrevido a referirme a lo que ocurrió esa noche. Posiblemente haya sido miedo a las cosas que descubrí de mi por lo que pasó con él.

Entiendo que ahí inició todo. Creo que ese incidente desencadenó en mí la predilección por ese tipo de encuentros. Desde entonces busco sentirme doblegada y sometida.

Es por ello que a lo mejor por eso siempre regreso. Para que me toque como ese día, que con sus manos inmovilice las mías. Que sus besos dejen rastros de sangre y fuego en mis labios.

El despertó mi adicción, convirtiendo su cuerpo en mi vicio. Me declaro adicta por convicción propia, por el egoísta placer que me embarga sentirlo sobre mí. Lo peor de todo es que ya lo acepto, no me resisto y no me apena confesarlo.

Ya está bueno de escribirles. Con estas líneas me despido. Tengo cita, hace dos meses que no estamos juntos… tiempo suficiente para desatar ese juego que nos place tanto y que mantiene nuestra adicción.