¿Será demasiada importancia?

Los seres humanos pasamos mucho, realmente demasiado tiempo, esperando que los demás actúen acorde de nuestras expectativas… talvez no de nuestras expectativas, pero si en respuesta de nuestro comportamiento con ellos. Y esto no es más que una prueba perceptible pero pocas veces aceptadas de nuestra dependencia social de otros.

Todos dependemos. Queramos admitirlo o no. Esperamos que el vecino nos responda los buenos días; que el niño que encontramos en el bus, nos devuelva la sonrisa; que nuestro superior laboral nos felicite por el empeño que mostramos en cumplir con nuestras obligaciones; que nuestra pareja admita lo bien que nos viene el cambio de color o el corte en el pelo; que nuestras amigas, esas que se mostraron reacias a nuestra relación, se declaren en derrota ante lo divino que terminó siendo el espécimen.

Cuando no recibimos lo que creemos justo, lo que consideramos que nos hemos ganado, entonces nos duele. Y nos duele al punto de considerarnos traicionados… vilmente engañados. Es entonces donde nos vamos llenando de resentimientos, sinsabores, ira, decepción.

Es entonces cuando nos detenemos un segundo y nos llenamos de preguntas. Preguntas cuyas respuestas tienen a destruirnos aún más el ánimo.

¿Quién me dijo a mi, que esa «X» persona debía sentir por mi el mismo respeto que sentía yo?

 

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Pero siendo realistas ¿quién me mandó a mi a esperar algo de ellos? Cada quien tiene el derecho de sentir y actuar como mejor le parezca. Todos tenemos el mismo derecho.

Debemos aceptarlo y seguir nuestro andar, dando amor sin esperar a cambio. Así no nos decepcionaremos y lo que encontremos será sencillamente ganancia.

Posdata: Al releer este último párrafo, me pareció conocido, si acaso repito esta historia en algún post predecesor, favor disculparme. Al parecer hay heridas que no se sanan con un solo post.

Desatar el huracán

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Sépalo de una buena vez… lo peor que puedes provocar en una mujer, es un pensamiento. Aunque parezca irónico o no termines de entender. Si pones a una mujer a pensar tendrás problemas. De sus planteamientos saldrán muchísimas preguntas. Y estoy casi segura de que no serás de capaz de responderlas siquiera la mitad de ellas.

Es que somos capaces de hilvanar miles de pensamientos con apenas un suspiro tuyo. Y lo peor de todo no es que seas capaz de responder, el detalle radicara en si tus respuestas resultan suficientemente satisfactorias.

Si al realizarte una pregunta respondes «Uju»…. ATENCIÓN: Prepárate para «¿Qué piensas?» «¿Qué tan ocupado estás que no logras responderme coherentemente» «¿Por qué piensas eso?» «Justifica tu respuesta»… Y te juro que los monosílabos no te ayudaran a salir del enredo.

Ahora bien, si piensas que no hay nada peor que esto, te informo que estas equivocado. Asume los cuestionamientos de una mujer como una simple situación que aún se puede manejar. Asústate irremediablemente cuando esa mujer se dedique a buscar ella sus propias respuestas.

NO dirá ni una sola palabra, pero igual que el Dr. Cal Lightman, de la serie “Lie to me” no te quitará los ojos de encima. Tus expresiones faciales, tu lenguaje corporal, el tono de tu voz y las palabras que uses serán empleados en tu contra. Todos estos elementos estarán bajo una constante y una minuciosa observación.

Cada gesto que solías realizar y que un día sólo olvidaste será anotado en una lista que se llenara de detalles que apenas recordaras. El beso que le negaste, la salida que le pospusiste, que movieras detalles de la casa que nunca habías tocado, que prefieras llamar al plomero en vez de hacerlo tú mismo, que un día no quieras acompañarla al super… todas esas nimiedades que solas no representan nada, juntas serán suficientemente fuerte como para provocarte toda una crisis personal.

Ya para finalizar solo un consejo tengo que externar: Responde. No está predeterminado en la personalidad masculina, lo sé. Pero en definitiva será mejor a que ella salga en busca de respuestas.