Idealizar

Durante los primeros años de casada, una compañera de trabajo solía decirme que no estaba enamorada. No diré que me sentía acosada, pero digamos que era muy insistente en su comentario. Yo me limitaba a sonreirle, nunca sentí la necesidad de responder dándole explicaciones o justificaciones.

Pero en mis adentros sabía lo que sentía por mi matrimonio. De manera precisa e igualitaria a lo que siento por mis hijos.

Y es que esperaba que debía destilar aroma a rosas al caminar, que un halo de luz rodeada mi cabeza y que mi voz al hablar entonara armónicas melodías. Ahí fue donde estuvo su error, que haya sido su caso (que no se si fue así) no me obliga bajo ningún concepto a que me tocara replicarla.

El amor es una palabra universal que se manifiesta de demasiadas maneras. Al punto tal de que cada persona lo manifiesta de manera distinta.

Se que los amo. Los amo a los tres. Y mis demostraciones de afecto, de cariño se las debo a ellos, no al público.

El mundo no sabe que despierto a mis hijos llenándolos de besos y cantándoles las canciones que prefieren. El público no es testigo de que todas las noches lleno de besos a mi esposo justo antes de que duerma. Ni que él al despertar instintivamente me busca en la cama, entre las sábanas para abrazarme y desearme buenos días.

Ahí radica el problema de idealizar. Nos enfocamos tanto en como creemos que deberían ser las cosas, que dejamos de ser dignos de saber como realmente ocurren.

Por olvidar

imglykit-exportSe me olvido que te había olvidado… Simplemente lo borré de mi memoria, por eso cuando regresaste fue tan fácil para ti envolverme nuevamente en tus redes…

Por olvidar que te había olvidado volví a creer en cada una de tus caricias… Volví  a desear tus besos…

Que contradicción. Me acordé de todo cuando te vi… todo volvió a mi… recordé las sensaciones que provocaron tus manos en mi piel… mis labios anhelaron nuevamente los tuyos… de mi boca un suspiro involuntario te hizo saber la falta que me hacías… mis ojos no lograron mantener como antes tu mirada… y hasta el rubor de mis mejillas se hizo presente… tal vez solo para darte la bienvenida.

Se me olvido que te había olvidado… y un vórtice de intensos recuerdos invadieron mi mente… Ella fue la culpable… Nunca dejo de estar en cada uno de nuestros encuentros. Esta vez no fue la excepción, el sentirla sobre mi fue posiblemente lo que reactivó esa parte de mi cerebro que estaba dormida.

Olvidé los resentimientos que tenía guardados, las rabias acumuladas y la dolorosa decepción que dejaste al marcharte. Olvidé que debía odiarte por tus mentiras y falsedades. Olvidé las noches de penas que me provocaste así como las lágrimas que por ti derramé. Olvidé los sueños destrozados y los planes tronchados que dejaste en mi camino.

Olvidé que te había olvidado y lograste tirar al suelo mis defensas. Olvidé que te había olvidado… y tal vez por eso tu recuerdo ahora es más reciente.