De imprevisto (II)

Lo vi… vi la lucha encarnizada de dos cuerpos desnudos. Vi la pasión con la que buscabas su boca al besarla. Vi con  la fuerza con la que ella te tomaba del pelo. Te vi hacerle los mismos trucos amatorios que la noche anterior practicabas conmigo. Vi en tu espalda, las marcas de sus uñas. Vi como con tu lengua delineabas el contorno de sus pechos, mientras la piel de ella se erizaba.

Era tal el desenfreno que ambos exhibían, ninguno sintió mi presencia. Fui testigo de cómo gemías placenteramente  mientras te practicaba  una felación. Tus técnicas no fallaron lograste enloquecerla cuando le hacías sexo oral.

Mis labios no se abrieron, ni una sola expresión de asombro, ni una lágrima cruzó mi rostro, tampoco me entristecí. Me quedé observando como el sudor de sus cuerpos se impregnaba en mis sabanas de seda.

continuará…

De imprevisto (I)

Decir que lo presentía sería mentir. Todo estaba en perfecto orden, nada fuera de lugar. Ese miércoles sólo decidí hacer un alto a las diligencias para almorzar en casa, en tu compañía. No sé de donde me surgió esa comida sorpresa, es sólo que el ánimo me embargó el espíritu y me atreví.

Fue extraño encontrar un auto en mi parqueo, pero no le dí la menor importancia, nunca estoy en casa a esas horas. “El vecino tiene visitas”, pensé, mientras subía las escaleras hacia el tercer piso.

La televisión se escuchaba en todo el corredor, el ruido era tan ensordecedor que no se percataba el sonido de mis llaves al abrir las puertas. Fue esa cartera de mujer la que me sobresaltó. Instintivamente fuí a nuestra habitación.

La puerta estaba semi abierta, la claridad del medio día no me ocultó lo que pasaba en nuestra cama matrimonial. 

continuará…