Razones

El diagnóstico me desubicó la existencia. Tenía otras expectativas, otros anhelos. No era lo que esperaba.

Todos los que me rodeaban me felicitaban de manera eufórica, mientras que ilusa yo les pedía con la mirada “justifica tu respuesta”.

Entonces ella me habló de su experiencia. Me dijo:

“Retate a conocer un tipo diferente de amor. Comprométete a aceptar tu nueva cómplice. Aprende a transferir tus conocimientos. Acepta que alguien más, dentro de tu círculo cercano, sabrá leerte entre líneas. Conviértete en maestra y comparte tu sabiduría, transfiriéndolos a una nueva generación. No será mejor. No será peor. Sólo será diferente. Para ti será como empezar de nuevo. Será tener una libreta recién comprada llena de líneas y hojas en blanco, esperando que tú la llenes con las anécdotas de tu nueva experiencias de ser mamá”.

Solo ella fue capaz de darme herramientas para este nuevo proyecto.

Independencia parental

Admitámoslo nadie tiene la verdad absoluta de todas las cosas que le rodean. Y yo, la más imperfecta de las hijas de Dios pues mucho menos. Esto me hace pensar que tengo una percepción errónea de lo que debe ser una familia.
Me explico: No tuve la dicha, creo que pocos llegamos a ostentarla, de tener cercanía personal con mis padres. Okey son mis padres y el respeto está ahí, por supuesto, pero no son de mi confianza, lo confieso, no son en quienes pienso cuando llegan los problemas o a quienes acudo cuando las dudas existenciales llegan. Ese nunca ha sido su papel en mi vida.
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Así que cuando veo a quienes para todo cuentan con sus progenitores, lo veo raro. Ni bien ni mal, solo raro. Asumo que llega un momento en la vida en que las decisiones así como las consecuencias de estas son enteramente personales. Una cosa es consultar a quienes nos procrearon, pero que nuestra decisión final dependa absolutamente de ellos, eso no lo veo bien.
Es muy probable  que la equivocada sea yo. Que mi deseo de demostrar mi independencia haga que pierda los maravillosos consejos que mis padres podrían llegar a darme.
Tampoco es que evite los consejos que personas mayores podrían ofrecerme. Tengo amigos con los que si cuento y a quienes suelo acudir. Es solo que no es mi estilo exponerles mis más íntimos pensamientos.
No se sientan ofendidos, quienes crean que deban. Es solo lo que pienso y siento.