Andrés Cepeda

Hace unos cuantos días que me he entregado completamente, a escuchar una producción del super cantautor colombiano Andrés Cepeda. Las composiciones de “Día a Día” han llenado todas las horas posibles de mi tiempo, desde hace unos 5 días.

Y es que su música es digna de disfrutar. Le canta al dolor, al desamor… ¡con tambores!, bien bohemio. Con su voz como principal instrumento me hace degustar intensamente de cada estrofa que pronuncia.

Ese es el tipo de música que me gusta. La que goza sin escándalos, cuando cae la tarde y los rayos del sol tiñen el cielo y sus nubes de fuego, en una tertulia entre amigas, en un espacio apacible con el ser que se ama. Con vino tinto y quesos… así se disfruta a Andrés Cepeda.

Este estribillo es encantador. Lo comparto antes de que deleiten la canción completa.

“No tengo duda que tenerte fue un regalo, el deseo más ardiente y alocado, la vida es dura y tu amor fue demasiado. Sé que faltaron lunas y momentos a tu lado, yo no me quejo porque siempre algo se aprende, tú me enseñaste a ver mil cosas diferentes, no tengo duda te repito más bien suerte, de conocerte, tanto amarte y hoy perderte.”

Un día se acaba

Solo quería escribir una respuesta para esta entrada http://buscandoficio.wordpress.com/2012/01/23/ser-sordo-y-ciego-en-una-pareja/?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter&utm_campaign=Feed%3A+BuscandoOficio+%28Buscando+Oficio%29 pero luego de empezar no me pude detener. En una cuartilla terminó convertido lo que sería solo un comentario.

En honor a tu post, querido Luis Fernando.

Las relaciones no son fáciles. El paso de los años no nos hace más sabios ni más inteligentes, para asumir este tipo de compromiso.

El tiempo como pareja de alguien, no nos hace inmune a los desvaríos ni a las incongruencias.

Tú rompiste con 3 años, yo con 10… y te diré que no es una herida que se cierra porque sí. El día a día te llena de razones para pensar, cosas que te invitan a mirar hacia atrás y recordar.  

No nos queda nada más que asumir lo que ya se decidió, levantar la cabeza y lanzarse al futuro con los brazos abiertos, en búsqueda de nuevos tesoros.

El tiempo desgasta y más aún cuando no hay planes en común, cuando la monotonía llega a ser la tercera pata del trípode.

El amor, cual llama de una vela al aire libre, puede soportar alguno que otro viento, pero nunca las tormentas… se extingue, se apaga irremediablemente.

Y así lo que pudo haber sido idóneo, simplemente deja de ser lo que esperabas, lo que anhelabas, por lo que suspirabas y luchabas.