Año 26 (III)

Mañana será el año #27 de mi paso por esta vida. Hace muchísimas entradas prometí explicarles las implicaciones que tenía cumplir 26 años.

Desde mi juventud, 26 fue una fecha limítrofe para la planeación de mi existencia. Inconscientemente todos trabajamos para y por las cosas que esperamos.

A la llegada de mis 26 me presentaba ante el mundo como aspiraba antes de llegar a esa edad. El titulo que avala mi carrera universitaria por momentos acumula polvo en casa. Mi padre cumplió su promesa y me regaló mi “chacha”, (así llamo a mi vehículo). Varios diplomas más completan mi preparación académica. Trabajo en mi área de forma estable y allí he evolucionario personalmente.

Hoy el último día que me queda de mi año #26, llevo un anillo de compromiso en mi mano izquierda. Inicio mis 27, como mujer de hogar con un esposo que me regaló su apellido.

Tal vez no sean los actores que originalmente fueron anunciados para la obra, pero son los que están en el escenario.

Así que mañana se suma un número más a mi edad, a la vez que mis responsabilidades y compromisos se multiplican por cien.

Bienvenidos sean los 27.

 

Año 26 (II)

No me gustan los cumpleaños. Sus raíces paganas me asustan, van en contra de mis ideales.

A veces resultan falsas e hipócritas las celebraciones de los mismos. Antes una agenda o simplemente la memoria eran los encargados de anunciarte la llegada de los natalicios de los amigos. Ahora “Facebook” hace ese trabajo por ti. Hasta se llega al descaro de felicitar de forma eufórica a personas que siquiera conocen o comparten.

Todos los días son dignos de celebración. ¿Por qué hay que esperar a que un día entre 365 para demostrarle afecto a alguien? ¿Por qué no ser originales y que la fiesta se realice sin motivo aparente?

Que las flores lleguen porque las encontraste bonitas y los chocolates para que engordemos juntos.

En otro post, especificare el significado propio de estos 26 años.