La realidad de mi soledad

tranquilidad, reflexiva, pensante

Me ha dado por pensar en mi. En que si mi soledad es auto-impuesta o es sólo consecuencia de mi autosuficiencia. No quiero ser malinterpretada. Amo a quienes están en mi vida pues asumo y entiendo que son quienes deben estar. Pero confieso que me siento sola.

Mis amigas cercanas no están cercas. Vienen y van como las olas del mar. Varias se han enfrascado, al igual que yo, en sus propias vidas, en sus trajines y afanes sin fin. A veces basta un mensaje en alguna red social, sólo para recordar que seguimos en sintonía. Otras que llegaron después, han cambiado de domicilio y eso queramos o no, dificulta las cosas. Están pendientes pero las cosas ya no son iguales.

Los familiares impuestos, a los que llamo amigos no elegidos tampoco están disponibles. Es que la quimica no se forza. Surge y ya. A veces no importa cuantas veces rieges esa planta, no está en la obligación de crecer.

Otras personas cercanas resultan ser sólo conocidos. No logras conectar eficiente y permanentemente con ellos.

Hay quienes confían en ti. Quienes encuentran en tu persona los consejos idóneos, la madurez requerida y la paciencia necesaria para contar contigo. Pero eso tampoco obliga a que exista reciprocidad. Estás para ellos pero no por eso cuentas con ellos.

No siempre estas pendiente de estas carencias. Vives atrapada en tus propias complicaciones. El día en que caes en cuenta se despierta la soledad en ti. Entonces piensas en donde están tus «amigas», tus «confidentes». Ahí es donde te encuentas con tu soledad. Ahí es cuando analizas si es algo que has provocado.

Respiras profundo y terminas asumiéndolo. Los demás no tienen tiempo para tus quejas. Eres de las que resuelven, no de las que tienen problemas.

Terminas aceptando tu realidad y viviendo tu soledad.

Lecciones de Vida Propias

madre, hija, reclamo, conversacion

La empatía es un sentimiento bueno, así lo considero. Sin importar el tipo de relación siempre debe estar presente. Pero los extremos… esos si que no son buenos.

No por sentirnos identificados con alguien debemos asumir que sus situaciones son nuestras. No es correcto vivir bajo las circunstancias particulares de alguien más.

Qué un amigo haya perdido a un ser querido no te obliga a aislarte del mundo y vivir tú ese duelo.

Si el esposo de tu amiga le fue infiel, no caigas en el error de culpar a tu pareja de los errores que ese fulano cometió.

Que en el momento que mejor le iba a tu hermana profesionalmente, tu compañía quebró. Solo por apoyarla no debes recurrir al paro.

Que el vecino del frente no midió su distancia y ralló el auto nuevo de tu hermano menor. No recojas firmas para una carta de amonestación en el vecindario.

Si luego de 25 años de matrimonio tus padres deciden separarse, no te adjudiques toda la carga emocional que conlleva ese divorcio. Muy probablemente ellos se apropien su nuevo estado con mucho vigor y felicidad, como una etapa de libertad.

Cada quien tiene sus propias experiencias y de estas se desprenderán sus propias lecciones de vida. Asume sólo las PROPIAS.