El regreso

melancolia

Regresar hizo que sentimientos de agonía y congoja cubrieran mi corazón llenándolo de recuerdos.

Aquella vez fue para decirte adiós, regreso después de más de dos años, y todo duele como aquella vez.

Esta vez tuve el valor de acudir a tu hogar. El lugar aún tiene tu olor y tu esencia. Todo me recuerda a ti.

Sigue siendo igual de doloroso descubrirte en cada esquina sabiendo que no estás… y que ya no estarás. ¿Qué puedo decirte para que dejes de doler?

En un acto enteramente masoquista, he aquí la canción con la que te despedí el 31 de diciembre de ese año.

Te extrañamos mucho.

Por circunstancias que no controlamos, regresé también al lugar donde se realizo tu acto de despedida. También ese rectángulo de cemento cerró mi garganta haciendo un nudo en mi estomago. Recordarte en ese día resulta doloroso.

Mi soporte

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Debo admitir que es capaz de soportar mis malos humores. Soy realmente desagradable cuando estoy incómoda, peor que un candado con 7 llaves. Me cierro completamente. Cortando todas las vías de comunicación, asumo mi actitud y envenenándome a mí misma, trato de no afectar a quienes me rodean. Especialmente a él.

Sé que no tiene culpa, pero sale afectado siempre. Al silenciarme de forma tan atroz, él se siente triste. Impotente, diría yo, por no ser capaz de regresar la sonrisa a mi rostro. Ignorante de las razones que me apagan así el alma. Me abraza buscando consolarme. Se auxilia del contacto físico en pos de confortarme.

Mis rabias no tardan en desaparecer, pero mientras duran son fuertes. Un baño frío de pies a cabeza y una taza de café caliente, suelen controlar mis hormonas.

Al normalizarme siempre busco la forma de agradecerle. Ahora soy yo quien lo llena de besos y abrazos.