Cuando te defraudan

 

 

¿Con que facilidad te defraudan las personas que te rodean? ¿Qué sencillo resulta destruir años de sinceridad y altruismo con un gesto de interés y engaño.

Lo triste es que en el fondo te culpas a ti mismo por tu buena fe. Te castigas por ser ilusa y creer. Hasta llegas a analizar si todo es un mal entendido de tu mente retorcida. Si acaso eres tu la errada, la que ha confundido todo. Y como péndulo que viene y va regresas a tus pensamientos de culpa, esta vez en una dirección diferente.

Y es que confiar en la sabiduría humana lleva al fracaso… a la decepción y a la tristeza.

Lo peor es que es un sentimiento que te persigue el resto de tus días. Por más que quieras pasar la página continuarás con un enfermo sentimiento de duda. Constantemente te preguntarás ¿que tan cierto es? ¿que oculta el rostro que parece afable?
Esa es una de las opciones que la vida te presenta ¿la otra?

Engañarte a ti misma, cerrar los ojos y seguir creyendo. Hacer que las heridas sanen lo más pronto posible y seguir confiando. Asumir que solo fue una excepción, que no volverá a pasar.

Expuestas las opciones… la respuesta a dar… el camino a seguir… es solo tuyo.

Enfocarse en otros

to-give

El altruismo ayuda. Es cierto. Lo admito y me toca confesarlo.

Enfocarse en los problemas de los demás ayuda ante el malestar anímico. Que no se confundan mis palabras. No hablo de hacer preguntas incomodas o de lanzar un cuestionamiento de 50 preguntas intimas, que solo por morbo interesarían saber.

Solo hablo de irte al parque y jugar en los columpios con los niños. De pelarte las rodillas mientras intentar enseñar a tu primo adolescente a montar patines. Echarle de comer a las palomas. Ofrecerte a organizar los antiguos LP’s de tu tía solterona. Involucrarte en las actividades de la confesión religiosa de tu preferencia. Cualquier cosa es válida, con tal de no quedarte a solas y en silencio contigo misma. Cualquier excusa para no pensar, vale la pena.

Además así cumplirás una doble función, bajo el quehacer cristiano. “Hay más felicidad en dar, que en recibir”, dice Hechos 20:35.

Creo que aquí el enfoque es el desprendimiento, ya sea físico o espiritual. Es dejar ese afán de tener y poseer… y simplemente dar, desinteresadamente a otros.