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Los errores que amamos

¿Por qué amamos tanto? ¿Por qué  duele amar así como lo hacemos?

¿Por qué seguimos haciéndolo si sabemos las consecuencias? ¿Qué nos motiva a tomas tantos riesgos?

No sé si fui ingenua al pensar que amarías igual con la misma fuerza de un huracán.
Fue mi culpa al final el quererte de más y tan sólo recibir la mitad.

Bajé la guardia y aposté el corazón. Tantas palabras y ninguna emoción.
Yo te quise y no te bastó, y aún te amo a pesar de que has sido mi peor error.

Y seguimos intentándolo una y otra vez. Siempre buscando el final feliz que nos vendieron en la niñez y en el que a pesar de nuestra edad, seguimos creyendo.

Un juego cíclico de nunca acabar… eso es amar.

 

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De mi vivir

Cuando te defraudan



¿Con que facilidad te defraudan las personas que te rodean? ¿Qué sencillo resulta destruir años de sinceridad y altruismo con un gesto de interés y engaño.

Lo triste es que en el fondo te culpas a ti mismo por tu buena fe. Te castigas por ser ilusa y creer. Hasta llegas a analizar si todo es un mal entendido de tu mente retorcida. Si acaso eres tu la errada, la que ha confundido todo. Y como péndulo que viene y va regresas a tus pensamientos de culpa, esta vez en una dirección diferente.

Y es que confiar en la sabiduría humana lleva al fracaso… a la decepción y a la tristeza.

Lo peor es que es un sentimiento que te persigue el resto de tus días. Por más que quieras pasar la página continuarás con un enfermo sentimiento de duda. Constantemente te preguntarás ¿que tan cierto es? ¿que oculta el rostro que parece afable?
Esa es una de las opciones que la vida te presenta ¿la otra?

Engañarte a ti misma, cerrar los ojos y seguir creyendo. Hacer que las heridas sanen lo más pronto posible y seguir confiando. Asumir que solo fue una excepción, que no volverá a pasar.

Expuestas las opciones… la respuesta a dar… el camino a seguir… es solo tuyo.
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Parejas Inteligentes

Vivir con alguien; es comprometerse, es tener la agilidad mental de ser flexible, tolerante, negociador; aceptar las diferencias; saber perdonar y seguir adelante; pero sobre todo asumir compromiso, afecto, establecer vínculos y saber asumir un proyecto de pareja; de dos, nunca individual; y menos circunstancial. 

Libro “Parejas Inteligentes” de José Miguel Gómez

De mi vivir

Diferencias al acudir por la belleza

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Como madre de un niño me toca involucrarme en cosas de hombres. En situaciones que normalmente le corresponden a mi esposo, pero como defensora incorregible de la practicidad, me toca hacer cosas de chicos.

Acompañando a mis galanes a sus citas de mantenimiento, dígase ir con ellos a la barbería a recortarse, descubrí algunas diferencias en los comportamientos de ambos géneros en estos lugares de cuidado personal.

Queramos admitirlo o no las mujeres acudimos a los salones de belleza olvidando los relojes en la casa, y con el pensamiento bien claro que deberán pasar al menos cuatro horas para regresar. (Este último mandamiento no se cumple si tomamos la hora del almuerzo para asistir y evitar más miradas de desagrado de nuestro jefe y compañeros de trabajo al vernos el look de playa con que llegamos el lunes a nuestras oficinas).

Los hombres, si quiera pasan de la puerta al ver dos caballeros esperando turno. Prefieren irse y regresar cuando puedan encontrar el lugar especialmente dedicado para ellos, dígase vacio.

Las mujeres al llegar al salón en horas de la mañana, suelen hacerlo al menos con un sobre de café en las manos. Inmediatamente llegan llaman al delivery a pedir galletas o panes para acompañar. Situación que se repite, de acuerdo a la hora del día. Si es hora del almuerzo, mueven el vehículo con tal de ir a comprar un pica pollo chino, con su respectivo litro de gaseosa. Al caer la noche, específicamente si es fin de semana, prefieren de las verdes vestidas de novia. Aclárese que no necesariamente deben estar las mismas damas en busca de beldad durante los tres momentos.

Los hombres comen antes o después. Nunca en el lugar en sí. Podrían acceder a las cervezas si es fin de semana y si el ambiente lo requiera. De lo contrario, saliva, no más.

Las mujeres solemos integrarnos en el salón. Las que llegan temprano organizan sillones, roleras, cepillos, etc. Si el piso se llena de cabello por los recortes saben exactamente dónde buscar la escoba para que el piso se mantenga limpio. Situación que se repite con las chicas que están cuando el salón cierra. Todo en pos de cumplir con nuestro deleite de ayudar al prójimo. En este caso sería por el marcado interés de tener la buena voluntad de nuestra amada estilista y evitar accidentes desagradables en nuestras cabelleras.

Los hombres no se preocupan por el cabello en sus pies. Ni siquiera cuando tiene que luchar con los cables de los aparatos para lograr desenredarlos de las montañas de cabellos que los arropan.

Los salones de belleza son lugares de desahogo de las mujeres.  Acuden a hablar, a quejarse, a dar y recibir consejos. La música apenas perceptible, normalmente solo sirve para evitar que terceros intrusos logren descifrar los temas que se debaten. Estos se vuelven generales. Todas son bien recibidas a comentar, a participar, a opinar. A final de cuentas es consenso general lo que se busca. “Voz de pueblo, voz de Dios”. “En la multitud de consejeros, hay sabiduría”.

Por momentos, pensé que los hombres tenían un vocabulario limitado. La manera en que cuidan las palabras usándolas cuando eran estrictamente requeridas, me hacia entender que no eran muy necesarias. Los gestos bastaban… y se entendían a la perfección. Hasta llegué a contar el tiempo y duraron una hora y 10 minutos donde apenas 20 frases intercambiaron. Confieso que no me volví loca por estar entretenida analizándolos y escribiendo estas líneas.

Este fue mi análisis al asistir como invitada muda en un ambiente donde rebosaba la testosterona. Ya veremos que nuevas experiencias me esperan al ser mujer en un mundo de hombres.

De mi vivir

Un día a la vez

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¿Quedarán escondidos en mis ojos algunos rastros de la mujer que una vez fui?

Me he perdido. Desconozco a la mujer que al despertar encuentro siempre en mi espejo.

Admito que somos ríos. Siempre cambiantes, nunca iguales. Pero en el proceso de transformación se supone que debes ir adaptándote, más si el proceso se inicia por voluntad propia. O acaso es este proceso más de lo que puedo manejar.¿Será demasiado para mí?

En mi defensa solo diré que he dejado de pensar. Pensar duele demasiado. Me he convertido en una autómata que vive un día a la vez (si a eso se llama vivir). Mejor dicho un autómata que resuelve los problemas de un día a la vez.

Tampoco debo ser ingrata. No niego mis satisfacciones actuales, que son muchas. Pero son como plantas, requieren cuidado y tiempo para alcanzar su máximo esplendor.

Mientras solo queda esperar.

Con dedicatoria

Escribe

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¡Escribe! fue la palabra que uso. Pensando en su tono fue más bien una orden: “¡Escribe! ¡Escribe! ¡Escribe! Y no dejes de hacerlo”. No importa que la cama siga desarreglada, ni que los platos sucios sigan en el fregadero. Total como quiera tendrás que hacerlo tú. Y si algo te impide realizar tus labores domesticas, que sea el tiempo que te dedicas a ti.

Nadie recordará lo impecable de la limpieza de tu hogar, ni lo rectas que queden los filos de los pantalones de tus hombres. No recordarán el tiempo récord en que preparas el almuerzo, ni el aroma primaveral que lograste impregnar en la ropa recién lavada. Nadie te hará un monumento por tus destrezas hogareñas. Talvez ni tú misma lo recordarás.

La limpieza de tu hogar se olvidará cuando los amigos lleguen a jugar en el piso. Las arrugas de los pantalones aparecerán nuevamente tan pronto se sienten. El almuerzo será disfrutado tan pronto lo coloques en la mesa. La ropa perderá muy pronto su aroma. Entonces te preguntarás, ¿Ha valido la pena? El tiempo, el amor, los sacrificios realizados, ¿valen de algo?

Es tu responsabilidad y las asumirás con plenitud, pues fue tu elección. Lo que no elegiste fue anularte, fue olvidar lo satisfactorio de tener un espacio para ti. Debes recordar que también para ti hay tiempo. Que solo estando en paz contigo misma puedes brindarle esa paz a los tuyos. ¿Por qué postergarlo?

¿Por qué dejarlo para después? Ahora es el momento. ¡Escribe, escribe, escribe!

 

Dedicado: Dra. Olga