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Diferencias al acudir por la belleza

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Como madre de un niño me toca involucrarme en cosas de hombres. En situaciones que normalmente le corresponden a mi esposo, pero como defensora incorregible de la practicidad, me toca hacer cosas de chicos.

Acompañando a mis galanes a sus citas de mantenimiento, dígase ir con ellos a la barbería a recortarse, descubrí algunas diferencias en los comportamientos de ambos géneros en estos lugares de cuidado personal.

Queramos admitirlo o no las mujeres acudimos a los salones de belleza olvidando los relojes en la casa, y con el pensamiento bien claro que deberán pasar al menos cuatro horas para regresar. (Este último mandamiento no se cumple si tomamos la hora del almuerzo para asistir y evitar más miradas de desagrado de nuestro jefe y compañeros de trabajo al vernos el look de playa con que llegamos el lunes a nuestras oficinas).

Los hombres, si quiera pasan de la puerta al ver dos caballeros esperando turno. Prefieren irse y regresar cuando puedan encontrar el lugar especialmente dedicado para ellos, dígase vacio.

Las mujeres al llegar al salón en horas de la mañana, suelen hacerlo al menos con un sobre de café en las manos. Inmediatamente llegan llaman al delivery a pedir galletas o panes para acompañar. Situación que se repite, de acuerdo a la hora del día. Si es hora del almuerzo, mueven el vehículo con tal de ir a comprar un pica pollo chino, con su respectivo litro de gaseosa. Al caer la noche, específicamente si es fin de semana, prefieren de las verdes vestidas de novia. Aclárese que no necesariamente deben estar las mismas damas en busca de beldad durante los tres momentos.

Los hombres comen antes o después. Nunca en el lugar en sí. Podrían acceder a las cervezas si es fin de semana y si el ambiente lo requiera. De lo contrario, saliva, no más.

Las mujeres solemos integrarnos en el salón. Las que llegan temprano organizan sillones, roleras, cepillos, etc. Si el piso se llena de cabello por los recortes saben exactamente dónde buscar la escoba para que el piso se mantenga limpio. Situación que se repite con las chicas que están cuando el salón cierra. Todo en pos de cumplir con nuestro deleite de ayudar al prójimo. En este caso sería por el marcado interés de tener la buena voluntad de nuestra amada estilista y evitar accidentes desagradables en nuestras cabelleras.

Los hombres no se preocupan por el cabello en sus pies. Ni siquiera cuando tiene que luchar con los cables de los aparatos para lograr desenredarlos de las montañas de cabellos que los arropan.

Los salones de belleza son lugares de desahogo de las mujeres.  Acuden a hablar, a quejarse, a dar y recibir consejos. La música apenas perceptible, normalmente solo sirve para evitar que terceros intrusos logren descifrar los temas que se debaten. Estos se vuelven generales. Todas son bien recibidas a comentar, a participar, a opinar. A final de cuentas es consenso general lo que se busca. “Voz de pueblo, voz de Dios”. “En la multitud de consejeros, hay sabiduría”.

Por momentos, pensé que los hombres tenían un vocabulario limitado. La manera en que cuidan las palabras usándolas cuando eran estrictamente requeridas, me hacia entender que no eran muy necesarias. Los gestos bastaban… y se entendían a la perfección. Hasta llegué a contar el tiempo y duraron una hora y 10 minutos donde apenas 20 frases intercambiaron. Confieso que no me volví loca por estar entretenida analizándolos y escribiendo estas líneas.

Este fue mi análisis al asistir como invitada muda en un ambiente donde rebosaba la testosterona. Ya veremos que nuevas experiencias me esperan al ser mujer en un mundo de hombres.

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A veces es tarde

 Well you only need the light when it’s burning low
Only miss the sun when it starts to snow
Only know you love her when you let her go
Only know you’ve been high
When you’re feeling low
Only hate the road when you’re missing home
Only know you love her when you let her go
And you let her go

Staring at the bottom of your glass
Hoping one day you’ll make a dream last
But dreams come slow and they go so fast.

You see her when you close your eyes
Maybe one day you’ll understand why
Everything you touch surely dies

But you only need the light when it’s burning low
Only miss the sun when it starts to snow
Only know you love her when you let her go
Only know you’ve been high when you’re feeling low
Only hate the road when you’re missing home
Only know you love her when you let her go

Staring at the ceiling in the dark
Same old empty feeling in your heart
Because love comes slow and it goes so fast

Well you see her when you fall asleep
But never to touch and never to keep
Because you loved her too much
And you dived too deep

Well you only need the light when it’s burning low
Only miss the sun when it starts to snow
Only know you love her when you let her go
Only know you’ve been high when you’re feeling low
Only hate the road when you’re missing home
Only know you love her when you let her go
And you let her go… And you let her go
Well, you let her go

Because you only need the light when it’s burning low
Only miss the sun when it starts to snow
Only know you love her when you let her go
Only know you’ve been high when you’re feeling low
Only hate the road when you’re missing home
Only know you love her when you let her go

Because you only need the light when it’s burning low
Only miss the sun when it starts to snow
Only know you love her when you let her go
Only know you’ve been high when you’re feeling low
Only hate the road when you’re missing home
Only know you love her when you let her go
And you let her go

Passenger – Let her go

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Querer mucho

Hay que quererme mucho, para estar conmigo noche y día

Hay que quererte tanto como tú me quieres, vida mía

Hacer risa del llanto y tener el corazón de piedra

Hay que quererme mucho, para comprender tu extraño mundo

Hay que amar como un loco para ver montañas donde hay llano

Tú haces que yo vea peces de colores en mis manos

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La Falta de Comunicación en la Era de las RRSS

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Declaro mi ignorancia… hay cosas que sencillamente no entiendo. Por que el afán de complicarnos tanto la corta vida que tenemos.

Hemos perdido el correcto arte de la comunicación. Irónico. Ahora que tenemos las actualizaciones de la vida de nuestros amigos en el muro de Facebook, seguidores que nos envían mensajes de 140 caracteres en Twitter, hermosos filtros para nuestras fotos en Instagram, canales para videos en YouTube, perfiles profesionales en Linkedin, imágenes de gran tamaño en Pinterest, nos geolocalizamos con Foursquare y si queremos vernos mientras hablamos, iniciamos sesión en Skype… y quien sabe que nueva red social se pondrá de moda mañana… como por ejemplo Snapchat.

Ya no hace falta enviar sms ni requerimos tener fondos en nuestro plan de voz para llamar, tenemos Whats App, Line, Hangouts, Textgram… perdonen los usuarios que tengan alguna otra que haya olvidado. Ahhh eso si contar los variados números telefónicos de contacto que también poseemos. El móvil personal que nunca olvidamos en ningún lugar, el teléfono local que solo usamos los fines de semana que nos quedamos en casa y cuando tenemos que monitorear a los niños, el teléfono de la oficina, el otro móvil que nos asigna la compañía y que nunca debemos dejar de contestar, y a veces aprovechamos, no sé donde radica el beneficio, la oferta de nuestro proveedor y nos enganchamos otro aparato móvil, ya sea porque el plan resultado más barato o el aparato más moderno.

¿Hasta dónde llegaremos? Se supone que todas estas facilidades comunicacionales buscan mantenernos en “contacto” con los nuestros, cortar distancias… más el resultado final es ABSOLUTAMENTE contrario.

A mayor inclusiones en redes sociales o aparatos de comunicación, más lejos y menos presente estamos en la vida de los seres que amamos.

¡Qué triste resulta este resultado! Acercamos a los que están distantes pero alejamos a los cercanos.

¿Dónde quedaron los cafés al atardecer? Esos mismos que usaban las damas para alejarse un poco de sus realidades y charlar entre amigas. Al salir del trabajo y antes de llegar al hogar, para comentar las últimas travesuras de los chicos, o los proyectos con los esposos.

O aquellas que aún estando en la universidad llegaban a contarse a las amigas los mismos chismes que habían presenciado juntas horas atrás. Que relajante resultaba ira al salón de belleza a actualizarse de las vidas de las celebridades, presentadores de televisión, artistas y socialites.

Nuestra vida actual es triste. Cada quien vive amarrado a una pantallita, sea del móvil o de la tableta. Ausentes de la realidad que no rodea.

Tenemos mayor conocimiento e información de los atentados de Bruselas y del viaje de Obama a Cuba que de los planes de gobierno de los políticos que aspiran a abastecerse de las arnas del Estado durante los próximos años.

¡Qué ironía! Tenemos un mayor flujo de información al mismo tiempo que carecemos de esta.

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Mujeres equivocadas

Que difícil resulta para las féminas admitir que solo vivieron una ilusión. Entender que se dejaron envolver en una mentira que ellas querían creer y volver realidad. Linda y bien estructurada, pero una mentira al fin y al cabo.
Admitir que enamorarse así fue una equivocación. Admitir que las decisiones que tomaron no fueron las correctas, que cerraron los ojos entregando todo sin tomar las medidas de precaución idóneas.
Es entonces cuando el amor propio termina herido, por más que se sometan a estar atadas, sólo liberándose es cuando encuentran tranquilidad. Alejarse resulta menos doloroso que mantenerse a su lado. Ellos nunca dieron razones para seguir, para caminar la milla extra.

Al final nos damos cuenta que lo mejor era cambiar de piel, eso es lo único que nos da la paz y la tranquilidad que realmente merecemos y necesitamos.

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Café en compañía

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Su aroma es envolvente, su sabor es inigualable y adicto. Siempre cae bien, no importa hora o lugar. El detalle radica en que por mas delicioso que sea en soledad, es mejor en compañía.

Es sinónimo de largas charlas confesionales y reencuentros, de conversaciones informales y tratos de negocios, nuestra de complicidad y de trato afable.