Reír para no llorar

pexels-photo-1090393_edited

El día no fue de todo bueno. Cosas muy sencillas se complicaron en demasía.

Una alarma que no suena a la hora esperada. El café que se quema y cambia su sabor. Diez minutos para salir tan solo de la zona residencial y terminar engullida por la terrible vorágine del transito matutino.

Llegar a la oficina siendo victima de la furia enardecida de Cronos y los pendientes acumulándose, esperando por ti.

El ambiente se mantiene tan denso que puede cortarse. Eso no ayuda a que las cosas fluyan, finalmente te resignas y aceptas el café que te pasa tu compañera. Así logras distraerte contándole tu desafortunada jornada.

Ella también tiene complicaciones de las cuales te relata. No tan sencillas como las tuyas, sino realmente preocupantes. La diferencia es clara. Si no la externa no hay manera de darse cuenta de sus profundos penares y pesares. 

No te contienes y la cuestionas: «¿Cómo logras hacerlo? ¿Cómo logras mantenerte ecuámine, a pesar de todo?.

Su respuesta fue certera: «Rio para no llorar».

Insistir

2821baf7f0096b1f94b93e3270a7a673

Me siento agobiada, que la situación me sobrepasa. Es posible que me justifique diciendo que «esto también pasará», pero es la única verdad que me creo capaz de creer.

Creo que ha llegado la hora se asumir la necesidad del cambio, de tomar control de la vida mía que no parece propia. Dejar de ser haragana permitiendo que la música decida el ritmo que bailo.

Empoderarme de mi propia existencia, de mis decisiones y acciones.

Sería una falsedad querer ser lo que fui. He evolucionado. Ya no soy la misma. Creo que por eso es el estancamiento emocional que actualmente enfrento.

Aún no termino de responsabilizarme de mi nuevo yo.

De comprometerme conmigo misma.

Me confieso cansada pero no vencida.