Reír para no llorar

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El día no fue de todo bueno. Cosas muy sencillas se complicaron en demasía.

Una alarma que no suena a la hora esperada. El café que se quema y cambia su sabor. Diez minutos para salir tan solo de la zona residencial y terminar engullida por la terrible vorágine del transito matutino.

Llegar a la oficina siendo victima de la furia enardecida de Cronos y los pendientes acumulándose, esperando por ti.

El ambiente se mantiene tan denso que puede cortarse. Eso no ayuda a que las cosas fluyan, finalmente te resignas y aceptas el café que te pasa tu compañera. Así logras distraerte contándole tu desafortunada jornada.

Ella también tiene complicaciones de las cuales te relata. No tan sencillas como las tuyas, sino realmente preocupantes. La diferencia es clara. Si no la externa no hay manera de darse cuenta de sus profundos penares y pesares. 

No te contienes y la cuestionas: “¿Cómo logras hacerlo? ¿Cómo logras mantenerte ecuámine, a pesar de todo?.

Su respuesta fue certera: “Rio para no llorar”.

2 comentarios en “Reír para no llorar

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