Admitámoslo nadie tiene la verdad absoluta de todas las cosas que le rodean. Y yo, la más imperfecta de las hijas de Dios pues mucho menos. Esto me hace pensar que tengo una percepción errónea de lo que debe ser una familia.
Me explico: No tuve la dicha, creo que pocos llegamos a ostentarla, de tener cercanía personal con mis padres. Okey son mis padres y el respeto está ahí, por supuesto, pero no son de mi confianza, lo confieso, no son en quienes pienso cuando llegan los problemas o a quienes acudo cuando las dudas existenciales llegan. Ese nunca ha sido su papel en mi vida.
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Así que cuando veo a quienes para todo cuentan con sus progenitores, lo veo raro. Ni bien ni mal, solo raro. Asumo que llega un momento en la vida en que las decisiones así como las consecuencias de estas son enteramente personales. Una cosa es consultar a quienes nos procrearon, pero que nuestra decisión final dependa absolutamente de ellos, eso no lo veo bien.
Es muy probable  que la equivocada sea yo. Que mi deseo de demostrar mi independencia haga que pierda los maravillosos consejos que mis padres podrían llegar a darme.
Tampoco es que evite los consejos que personas mayores podrían ofrecerme. Tengo amigos con los que si cuento y a quienes suelo acudir. Es solo que no es mi estilo exponerles mis más íntimos pensamientos.
No se sientan ofendidos, quienes crean que deban. Es solo lo que pienso y siento.
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