tranquilidad, reflexiva, pensante

Me ha dado por pensar en mi. En que si mi soledad es auto-impuesta o es sólo consecuencia de mi autosuficiencia. No quiero ser malinterpretada. Amo a quienes están en mi vida pues asumo y entiendo que son quienes deben estar. Pero confieso que me siento sola.

Mis amigas cercanas no están cercas. Vienen y van como las olas del mar. Varias se han enfrascado, al igual que yo, en sus propias vidas, en sus trajines y afanes sin fin. A veces basta un mensaje en alguna red social, sólo para recordar que seguimos en sintonía. Otras que llegaron después, han cambiado de domicilio y eso queramos o no, dificulta las cosas. Están pendientes pero las cosas ya no son iguales.

Los familiares impuestos, a los que llamo amigos no elegidos tampoco están disponibles. Es que la quimica no se forza. Surge y ya. A veces no importa cuantas veces rieges esa planta, no está en la obligación de crecer.

Otras personas cercanas resultan ser sólo conocidos. No logras conectar eficiente y permanentemente con ellos.

Hay quienes confían en ti. Quienes encuentran en tu persona los consejos idóneos, la madurez requerida y la paciencia necesaria para contar contigo. Pero eso tampoco obliga a que exista reciprocidad. Estás para ellos pero no por eso cuentas con ellos.

No siempre estas pendiente de estas carencias. Vives atrapada en tus propias complicaciones. El día en que caes en cuenta se despierta la soledad en ti. Entonces piensas en donde están tus “amigas”, tus “confidentes”. Ahí es donde te encuentas con tu soledad. Ahí es cuando analizas si es algo que has provocado.

Respiras profundo y terminas asumiéndolo. Los demás no tienen tiempo para tus quejas. Eres de las que resuelven, no de las que tienen problemas.

Terminas aceptando tu realidad y viviendo tu soledad.

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