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Aun no entiendo porque a los seres humanos nos gusta tanto aconsejar. Siempre estamos dispuestos a ofrecer nuestra “sapiencia”, sin importar que nos la hayan pedido o no.
Solo nosotros conocemos el mejor especialista médico, el mejor laboratorio, la mejor clínica, el mejor ebanista, el mejor plomero… Y estamos dispuestos a ofrecer todos los contactos necesarios.

Hace unos días una amiga me dio un “consejo”… (aunque no se si en realidad es el término correcto para definirlo), me dijo respecto a mi embarazo: “Ojalá que a tu doctor, le de por madurar los pulmones de tu bebé”. Le pregunté que cual sería la necesidad, solo es requerido en casos de problemas con el feto. Su respuesta fue: “Es por si acaso”. 😮

Yo me cuestiono respecto a la importancia de este comentario. Gracias a Jehová he tenido un embarazo divino, sin malestares, ni molestias, ni contratiempos. Cuál sería la necesidad de adelantar el proceso de maduración de los pulmones de mi bebé? Por qué adelantarse a una situación que no se ha presentado?

Me quedé bastante preocupada por ese comentario. Me limité a quedarme callada. No quería ofenderla con una respuesta, de esas que no pienso y que suelo dar. No sabía si debía agradecerle su “interés” y su “precaución”.

En definitivas la discreción es un arte, poco valorado y estimado.

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