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Me sorprendió mucho la sonrisa en su rostro, cuando le expliqué este tema. El  no entendía la euforia que me causaba que mi amiga hubiese recibido “el anillo“. Confieso que me incomodo un poco que no lograra comprender la importancia que tiene ese gesto para las féminas del mundo.

Queramos o no las mujeres seguimos aferradas a los cuentos de hadas, así hemos sido criadas. Por más independientes que seamos internamente seguimos anhelando un caballero que nos represente, que alguien nos esperes al llegar a casa en las noches, sentir compañía al dormir. No podemos negarnos estas verdades a nosotras mismas.

El anillo” es un símbolo de compromiso real ante en nuestra cultura. La entrega del mismo no impide que luego las circunstancias cambien y que el compromiso se rompa, pero mientras representa seriedad. Ante la sociedad quienes llevamos anillos, sea un solitario de compromiso o un par de matrimonio, tenemos un estatus diferentes. Ya no somos llamadas jóvenes, sino señoras. Hasta nuestras madres ya dejan de vernos como niñas para aceptarnos como amas de casa. Las conversaciones de ellas cambian con nosotras, ya nos consultan sobre si le falta sal al guiso o sobre el menú que realizaremos para la cena anual, cuando antes eran ellas las de decidían. Somos vistas como iguales.

Hasta un poquito de seguridad nos brinda el anillo que llevamos en el dedo anular. Estas palabras no son las que desearía mi vena feminista escribir, pero es la que mi corazón me empuja a redactar. No puedo negar la sociedad en la que me ha tocado vivir y aunque reniego de muchas de las falsedades que han intentado impregnarme algunas me son cuesta arriba.

Mientras las costumbres no cambien y el matrimonio siga significando tanto, las mujeres continuaremos poniéndonos eufóricas, histéricas y muy felices cuando nuestras amigas o nosotras mismas recibamos “el anillo“.

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