Finalmente llegó el domingo en que nos dedicamos a hacer nada. No habían visitas pendientes, ni de realizar,  ni de recibir. Aunque faltaban cosas que arreglar en la casa, decidimos obviarlas. Simplemente invertimos el tiempo en nosotros mismos.

Nos levantamos cuando los cuerpos nos pidieron que dejaremos la cama. Directo a la cocina a preparar que desayunar. Un rato charlando en la mesa.

Pasé entonces al baño a resfrescarme el cuerpo. Al terminar lo encontré nuevamente en la cama, sólo que ahora hurgaba las actualizaciones de Twitter.

Me cubrí con interiores y me acosté a su lado en busca del candor de su cuerpo. Minutos después ya Morfeo se había encargado de nosotros y volvimos a caer en sus brazos.

Tiempo después, en horas de la tarde, cuando gastronomicamente necesitábamos energías fue que despertamos.

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