Tengo una sobrina que es un encanto… Una dulzura hecha niña… Actualmente vive la infancia de antes, donde la inocencia era el detalle importante.

Teníamos unos meses sin vernos, al encontrarme ayer en su cama, al regresar del colegio, se sorprendió de verme usando anteojos para leer.

Reflejó su curiosidad ante su madre: “Mami, ¿por qué tía usa lentes?”…

Su madre, en su sabiduría (que desarrollo con el proceso de gestación de los nueves meses aquellos): “Ahhh, eso es porque tía solía ver la televisión muy de cerca y entonces la doctora le puso lentes. Eso mismo te va a pasar a ti, si sigues haciéndolo.”

La pequeña infante no disimulo su sorpresa y negó inmediatamente que eso le sucedería a ella. A lo que su madre aprovecho para sermonearla: “Entonces debes llevarte de las cosas que te digo, que son por tu bien”. Admito haber escuchado a mi madre en su voz.

La situación me hizo pensar en como cambia la vida cuando se tienen hijos. En como cambia la perspectiva del mundo. En como sin darnos cuenta comenzamos a sonar exactamente como odiábamos oír a nuestros propios padres.

 

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