El día transcurrió con los avatares de la oficina impidiéndome pensar en las cosas que sentía… Cuando finalizó el encontrarme en la serenidad y el frío de mi habitación, ya no quedaron razones para mantener las murallas de mi alma.

Y me tiré a la cama a llorar. Mis lágrimas parecieron haber estado esperando ese momento de soledad para poder salir. Lloré como desahuciada, sin pretender evitar que alguna saliera. Lloré como desesperada, queriendo que brotara el corazón del pecho.

Lloré por penas antiguas… por esas en las que me tocó hacerme la fuerte y no llorar. Lloré por dolores actuales… cuyas heridas están abiertas y sangran. Lloré por premoniciones futuras por cosas que se que pasaran. Lloré por las consecuencias de todas las decisiones que he tomado en mi vida…

Sólo me dediqué a llorar por mi.

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