Muchas son las películas, los libros, las conferencias, que se han dedicado a descifrar el más grande misterio de todos los tiempos. Cada década se encuentra una dieta o un deporte, un país o un estilo de vida que intente acercarse al objetivo.

Voy a ser directa, son boberías, patrañas publicitarias, simples mentiras de marketing. Lo que se vislumbra en las pantallas de Hollywood también resulta falso.

El tai-chi, los viajes al Tibet, la meditación con el Yoga, las peregrinaciones a la Mecas, las técnicas del Fen-Shui, el uso del incienso y la quema de aceites… todos estos mediantes también resultan ficticios.

Es que las personas nos hemos empeñado en buscar respuestas en lugares erróneos. No se pueden mezclar los conceptos. Los vacíos internos no se llenan buscando hacia afuera.

Hemos olvidado que la felicidad es un concepto propio, íntimo y personal. Si te place cantar porque esperar a hacerlo ante el más grande auditorio… Lucete cantando en el parque a los niños y ancianos. Si eres diestra diseñando piezas de vestir, no esperes a que Christian Dior te contrate para mostrarle al mundo lo hermoso de tu arte. Si tu habilidad se traduce en pinturas, colores, pinceles y lienzos, ¿qué esperas? Las paredes de tu casa, tu auto y hasta la acera de tu calle son espacios para colorear.

Ya deja de esperar a estar en la cima para demostrar de lo que eres capaz. Hazlo ahora y llena de sonrisas los rostros de los seres que amas y que te aman. Basta de esperar un futuro que cada día se vuelve presente. Hoy y ahora, es el mejor momento.

Para mi es sencillo, el secreto de la felicidad radica en disfrutar de las pequeñas cosas.

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