Una noche sin siquiera haber pensado en ello durante todo el día, soñé en el momento en que me mudaba a vivir con el. En el sueño él se había encargado de todos los detalles, los mismos con los que soy tan meticulosa al trabajar. Había ubicado todos los muebles y hasta organizó la ropa en los armarios. Sólo me limité a recibir mi copia de la llave que me él me entregaba.

Sin dedicarle a ello muchos de mis pensamientos por momentos me sentí ansiosa. No sabia que esperar ante las cosas que me enfrentaba. Creo que solo faltaban 100 días para mi boda, cuando finalmente entendí que no eran planes lejanos y distantes. Era inminente que me casaba.

Hoy hace ya una semana de que dormimos juntos todas las noches. El proceso de organización no fue tan sencillo como en mi sueño, pero me siento satisfecha con lo que hemos logrado. Aún las cajas de mis libros están sin desatar y continúo separando sus camisetas de mi ropa interior en las gavetas, pero esta ahora es mi casa. Es el hogar que he decidido tener con él.

No es fácil el proceso de adaptación ante el cual nos enfrentamos, pero no me arrepiento de ser llamada ahora “su esposa”.

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