¿Luchando para qué? Son tantos los golpes que la vida se empeña en darte que te mantienes siempre cansada. Cuando logras poner el barco a flote se comienza a quemar el cuarto de máquinas, buscas enterezar la proa y se tuerce la popa.
Cuando el viento es fuerte se rompen las velas, no por mala calidad, sino más bien por lo extenuada que ya está.
Irónico sería no admitir que por momentos el cielo se aclara, las nubes se van y el sol calma las aguas. Es entonces cuando la esperanza surge con las gaviotas que sobrevuelan tu cabeza. Cuando piensas: “Las cosas pueden ser diferentes, voy a intentar de una nueva manera, buscaré opciones y opiniones”.
Respiras hondo y llenas tus pulmones de sal. Sigues navegando, coses tus velas, engrasas las máquinas y enderezas tu trayectoria.
En el fondo debo ser sincera, todos buscamos algo en que creer, algo que nos ayude a mantenernos en pie, que nos alimente la esperanza; la vida entera la pasamos buscando una razón.

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