En ese momento privado e intimo donde pocas veces se saca tiempo para hablar él se atrevió a preguntar. Estaba en verdad fascinado con el ritual que siempre ella ejecutaba.

Mucha acción durante pero en los momentos en que él llegaba a la meta bajo grandes dosis de euforia, ella permanecia inmovil y en silencio. Le acariciaba el pelo buscando a ella alguna reacción y nada. Seguia con los ojos cerrados y sin expresión alguna que se dibujara en su rostro.

Un día no aguantó más y preguntó. Recibió de ella la respuesta más inesperada recibida alguna vez. “Solo disfruto”

Desde entonces no pregunta. Suele ahora permanecer a su lado acompañandola, a pesar de no lograr entender lo que pasa por la mente y el cuerpo de su mujer cuando el orgasmo se presenta.


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