Permitirme a mi misma un día envolverme en todo hasta convertirme en nada. Adentrarme en el mar hasta que su espuma se solidifique en sal y me convierta en una estatua.

Bloquearme de todo lo que me rodea. Aislarme de forma voluntaria y a gusto propio. Transmutarme en una ermitaña confesa.

Evadir los sentimientos, dejando de percibir. Sin gozo ni sufrimiento. En antipatía total. Hasta el extremo de la insipidez.

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