El pasado hace acto de presencia a remover las heridas, a provocar el llanto en mi rostro, a hacer que el pecho duela por la fuerza y la rapidez de los latidos del corazón.

En ese momento de tristeza y soledad, ¿a quién recurrir?, ¿a quién puedo acudir para pedir consuelo? No me atrevo a llamar a mis amigas, porque no lograrían entender la razón de mi desconsuelo. Ellas solicitarían más explicaciones de las que estoy dispuesta a ofrecer.

Circunstancias que no puedo definir me hicieron encontrar en un guatemalteco residente en México el apoyo que necesitaba y no me atreví a solicitar.

La literatura nos une. Esto de los blogs hizo sentirnos atados el uno al otro. Él tiene su estilo… yo el mío… nos complementamos al escribir.

Hablamos de mis pesares, él siendo un total extraño, no presentó ningún tipo de predisposición. Solo leyó cada una de las líneas que escribí. Yo sólo traté de transmitirle en letras el dolor que sentí.

Eso nos acercó. Le abrí cierta parte de mi alma que no todos tienen acceso. Ante él me quite la mascara de Agniezka y le mostré mi verdadero rostro, la faz de quien creó este blog. El de la mujer de carne y hueso que siente, sufre y padece.

Él en su afán de buscar oficio encontró mucho que hacer en lo que escribía Agniezka. Gracias de todo ❤

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