Nunca me inspiró crear un blog. Siempre he amado el estilo antiguo: hojas blancas de papel… olor a tinta recién impresa… garabatos y rayones por montón… párrafos que no concuerdan… diferentes colores de lapiceros….

Luego de dejarme convencer y darle forma a este proyecto, nunca me he arrepentido de los momentos que he invertido en todo esto. Durante estos meses he conocido personas realmente interesantes, propuestas innovadoras.

Me toca hoy honrar a todos mis nuevos amigos: los blogueros. A los que han sido mis maestros… a los que son mis alumnos… a los que solo pasan por aquí a darme el apoyo… También a aquellos que solo leen y se sienten identificados con las líneas que redacto.

He parafraseado una canción de Ricardo Arjona… Aquí nuestras líneas, las que dicen lo que somos en realidad:

Escribir un blog no es ir deprisa como lo que asumen que es un acto fisiológico y mundano… Es crear tormenta en el corazón del que la pare con dolores… Es un acto irreverente y solitario. Es esperar a que se duerman para robar algún verso suyo y salir despacio sin dejar huella… Que alguien mas es el autor de lo que compartes. Algunas veces un encargo me obliga al sacrilegio de sentirme un arquitecto de emociones.

Escribir no es un ejercicio que mejora con la práctica y el tiempo… Es pegarle un bofetón a la rutina y rasgarle la piel a lo imposible. Que quede claro que las entradas las robamos a quien duerme.

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